Publicado en Escritura Creativa

La Maga

Puntualmente se ha roto el hechizo y de nuevo a las palabras de Dicha se les ha permitido la salida de las mazmorras. Apresuradas, sin alguna demora, corren al encuentro de su Señora.

A ella se le ve aparecer por rumbo oriente, cabalgando sobre un corcel imponente, lleno de brío. Va radiante, vestida con una túnica que la Esperanza, justo a su medida, ha para ella tejido.

Así, por la colina baja majestuosa la Mente, quien ya sin temor se expresa. Se sabe a salvo pues, tras el martirio incautamente auto infligido, hoy, lúcida y decidida, se ha quitado la capucha y ha renunciado a seguir siendo su propio verdugo.

Y entonces sin más demora recorre las praderas y los campos de trigo, con los pies desnudos sobre la yerba y con los brazos abiertos, queriéndolo sentir todo, absolutamente todo, en cada uno de sus poros.

Lleva con ella un morral donde antes cargaba preocupaciones, culpas y penas pero donde hoy sólo recoge singulares tesoros: curiosas ramitas, coloridas conchas y algunas abuelas piedras.

Despreocupada y entusiasta se acerca a la vera del río, asienta el morral, en la corriente se adentra y chapotea, cual niña pequeña, entre las sabias tortugas y los pacíficos pececitos.

De vez en cuando reposa la inquieta traviesa, dejando a sus hermanas las nubes soplarle al oído historias de lejanas vidas y tierras. Historias que, cual Sherezada, comparte con aquél que quiera escucharlas, sin remilgos.

Esa es ella el día de hoy. La de los bellos rizos despeinados por el viento, los labios color de fresa y la sonrisa coronada de blancas y brillantes perlas.

Martha Constanza García

28 de febrero de 2018

 

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Publicado en Escritura Creativa

Basta por ahora de melancolía

Ya vuelve. Con todo. A pesar de todo.

Se siente como la calma antes de la tormenta.

Como la gestación de un imprevisible huracán

cuya dirección e impacto aún nadie conoce.

 

Poco a poco se concentran las corrientes.

Agitan lo que se hallaba en pasmo.

Aún no se ve ni se siente en la piel.

Sólo lo vibra un corazón en verdad conectado.

 

Aglomerándose, está la vigorosa energía.

El vendaval, ya pronto se aproxima.

Este es el momento para que las ráfagas de viento

levanten todo lo que no esté bien arraigado.

 

Le rugen las entrañas y profundas explosiones se producen en su ser.

Experimentando en sí incertidumbre, emoción, miedo, excitación.

Está volviéndose a activar, cual volcán por meses dormido.

Fuera, en la superficie, aún ni se vislumbra la magnitud de lo que viene.

 

Borboteando vida, ahí donde hubiera estancamiento o sequía.

Algo se abre paso y la Pachamama lo sabe.

Lo permite sin enjuiciar. Lo que ha de ser, será.

 

Porque esta fuerza, erupción, viento, marea,

no está para ser sofocada antes de nacer.

Ha venido a limpiar y a transformar.

Para abrir caminos ahí donde no los hay.

 

Indómita. Potente. Traviesa. Rebelde.

Ni con calma ni con prisas, se viene la primavera.

Gaia de nuevo se está desperezando, y yo con ella.

 

Ostara, Diana, Flora, Artemisa.

Energía creativa, vital y creadora.

Basta por ahora de melancolía.

Quede hoy la oscuridad para el útero o el sepulcro.

 

Martha Constanza García

20 de febrero de 2018

 

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Publicado en Escritura Creativa, Escritura Terapéutica

Así como suena

No es No. Así como suena. Una palabra de dos letras.

No quiero que te dediques a señalar lo que te parecen son mis ‘faltas’.

No quiero que corrijas la dirección de mis pasos ni el tono de mi voz. Vamos, ni siquiera la curvatura de mi espalda.

No quiero que expliques lo que según tú debí decir. Lo que dije, quise decirlo así como lo dije.

No quiero que me digas que no le debo dar importancia a algo, o que justamente debí haber tenido mucho más cuidado…

No necesito ni quiero que pienses por mí.

No necesito ni quiero que temas por mí.

No necesito ni quiero que dudes de mí.

No llames ‘amor por mí’, a intentar proteger tus heridas de mi voz y mi verdad.

Hazte cargo mejor de tus dolores, tus miedos, tus abandonos y tu quizá no sentirte completo.

Sé que es más fácil proyectarnos en los demás y reaccionar ante ellos. Pero no, esa no es más que la manera de hacer crecer la separación.

 

 

*Gracias a Natalia Sarro de Inspiramundo por brindar la oportunidd de que saliera todo esto, al plantear la dinámica de compartir un NO, claro e inequívoco en su grupo de Facebook “Eso que no decimos: Coaches y Psicólogas que escriben”. Gracias a todas ellas quienes compartieron un necesario y liberador NO.

 

Martha Constanza García

12 de febrero de 2018

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Risueña

Risueña, me dices. Y me encanta.

Pero no es que sea sólo yo, es el ambiente, el cual simplemente yo reflejo.

Risueña, cuando puedo ser y estoy siendo yo misma.

Risueña, cuando estoy presente y disfruto del momento.

Risueña, cuando no siento censura moralista alrededor.

Risueña, cuando el cariño fluye y descomplicado, espontáneo, se deja sentir.

Risueña, cuando no tengo ni sostengo expectativas.

Risueña, cuando estoy alineada con quien quiero ser.

Risueña, cuando me siento ‘entre los míos’.

Risueña, en aquellos momentos en que los astros se alinean.

Risueña, cuando me siento plena.

Atesoro estos momentos y dejo que mi corazón y mi ser de bienestar y alegría se impregnen.

Y es que además, algo me dice que yo no soy de esas que enojadas se ven más bonitas…

Risueña, me dices. Y me encanta.

 

Martha Constanza García

5 de febrero de 2018

Posteado hasta hoy, por vacaciones. 😉

 

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¿Qué hace el escritor?

¿Qué hace el escritor cuando descubre que jamás palabras alcanzarán a transmitir aquello que siente y piensa, pues nada -ni una palabra ni mil imágenes- puede contener el agitado caudal que dentro de sí experimenta?

¿Qué hace el escritor cuando se da cuenta de que por más que escriba sobre su dolor, el alivio que siente al hacerlo es casi ilusorio, y que dicho dolor volverá una y otra vez, acrecentado, haciendo retumbar los tambores de la incomodidad cada vez con mayor brío?

¿Qué hace el escritor cuando, volviendo a leerse, lo que ayer tenía sentido hoy no son más que palabras en hilera, engarzadas unas detrás de otras sin ritmo ni sentido?

¿Qué hace el escritor cuando se cansa de perseguir e intentar atrapar sentires e ideas, mientras éstos revolotean esquivos por dentro su ser?

¿Qué palabras elige el escritor cuando lo que quiere comunicar es al mismo tiempo el aullido de un lobo, el llanto de un niño, el estallido de una estrella y la calma de una pradera?

¿Qué sentido puede tener ser escritor cuando quien escribe ya no sabe quién es, para qué está aquí ni por qué habría de escribir?

¿A quién le dedica su obra el escritor cuando todo aquél que ha conocido se ha mostrado tan irreal, lejano e incomprensible ante él como un cuento chino?

En estos casos, ¿qué hace el escritor?

¿Dejar la página en blanco?

¿Cerrar el cuaderno?

¿Dejar de escribir?

No.

El escritor se arranca, de ser necesario, las palabras de la piel y del corazón para que éstas hagan allí erupción, y no le importa si se consumen tras un segundo o si arden por siempre, ante los ojos de un lector.

El escritor escribe porque aunque a veces esto duela, duele aún más no hacerlo. Dejar de escribir sería para él, como cortarse una mano por no poder tocar el cielo.

Martha Constanza García

20 de enero de 2018

 

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Publicado en Reflexiones del Corazón

El país de las prisas

Este era el país de Los Que Siempre Llevan Prisa. Su habitantes no lo saben, pero casi todos padecen el síndrome del “antes y más es mejor”.

Van brincando sobre sus largas y elásticas colas, retumbando de un lado a otro sólo importando cuántos kilómetros recorren, cuántos paisajes “conquistan” y en cuanto tiempo los recorren. Eso es lo normal aquí.

Se dice que el mayor tesoro que se puede tener es escurridizo. Lo llaman TIEMPO y, si bien es algo que todos dicen anhelan tener, la verdad es que la mayoría lo gasta en cualquier cosa, con tal de no sentirse diferente a aquellos “que no tienen”.

Porque lo que está de moda no es tener tiempo para disfrutarlo, sino para, de nuevo gastarlo. Volviendo a quedar la cuenta en ceros. Esta raza no sabe cómo aquilatar el tiempo. Hacen, hacen, hacen todo el tiempo que se les olvida simplemente ser y sentir lo que sienten. Porque en eso consiste el síndrome de “cuanto antes es mejor”.

En la tierra de Los Que Llevan Prisa todos dicen querer tener más tiempo, repito. Sin embargo en realidad nadie parece comprender en realidad lo que el tiempo es y por eso lo van persiguiendo a cada momento.

Pero en medio de todos estos ocupados hacedores, que corren no por placer sino por compulsión, existen algunos soñadores, observadores. Se trata de un pequeño grupo, pero también cada vez nacen más y más de ellos. Se les conoce como SENSIBLES.

A veces pareciera que las cigüeñas se equivocaros de ruta, porque aquí el ritmo elegido para la vida no deja mucho espacio justo para eso: observar, sentir y soñar.

¿Quién va a comprender aquí a aquellos que no padecen ni conocen eso de Cuanto Antes, es Mejor, aquellos que simplemente “se toman su tiempo”? ¿Ellos, los que no necesitan saltar de un lugar a otro, de una experiencia a otra, de un contacto a otro, porque en cada momento encuentran suficientes – o más que suficientes- estímulos?

Por eso los consideran LENTOS, porque no tienen el paso o la prisa que tanto se adora en estas tierras. Les dicen CALLADOS porque no ven la necesidad de mostrarse expresivos en todo momento, mientras que se ocupan con percibir, pensar y soñar.

También suelen llamarlos TÍMIDOS ya que en grupos y experiencias nuevas se toman su tiempo antes de actuar, en lo que asimilan todo eso que les llega. Toda esa información y estímulos que resultan imperceptibles para los “brincadores”: un cambio en las energías, sonidos inusuales, olores nuevos o justo que activan recuerdos, un cambios de luces…

Información que ha de ser asimilada, identificándola, organizándola y dándole sentido y contexto. Momentos que generan nuevas vivencias internas, a veces intensas.

Así que en la tierra del Cuanto Antes es Mejor, cada vez llegan más soñadores que parecen ignorar las prisas del entorno, enseñándonos una nueva manera de vivir. Encienden su luz y nos dejan ver un poquito de la locura de las prisas en que vivimos.

Continuará, supongo…

Martha Constanza García

15 de enero de 2018

 

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Publicado en Reflexiones del Corazón

Hoy ya lo he visto (Cuando los padres discuten)

Un día hace un cuanto de años dos células de dos cuerpos, una con otra se fundieron y el ser que yo soy, como resultado dieron.

No sólo fue una célula de cada uno, con toda su información, lo que originó el despertar de mi ser, sino que fueron por parte de ambos, años de amor, crianza, dedicación y compartir, los que formaron y acompañaron todos mis primeros pasos.

Con ambos he reído, me he enojado y he llorado. De pequeña en las piernas de ambos, tranquila y protegida a dormir me he acostado. Su aliento y su verdad personal una y otra vez he respirado.

Así que como consecuencia, una parte de mi madre y una parte de mi padre en mí llevo. Porque es en mucho en lo que a ella me parezco, como mucho es todo aquello en lo que de él como espejo reflejo.

Por eso, si ante mí el uno al otro se desacreditaban, dos importantes partes de mi ser en terrible lucha entraban.

Y es que en estas cosas de las disputas y el reparto de las culpas, uno es el que debe terminar aminorado, para que el otro, de momento más perseverante, fuerte o desesperado, pueda sentir que está seguro.

Pero ya hoy lo he visto… Y agradecida me permito permitirles continuar con sus ideas y su particular manera de elegir y convivir.

Hoy ya lo he visto… Y me he sacado, por fin, a mí misma de la ecuación. Porque en realidad nunca se trató de mí.

Así que honro y celebro mi Ying y mi Yang. Mi Yo Madre/niña y mi Yo Padre/niño. Reclamo e integro todo lo que soy, tenga el origen que tenga.

En mi interior hoy todo embona, se potencia, se transforma. Donde había conflicto, hoy  hay sinergia.

Hoy ya lo he visto… Porque en realidad, mi vida y mi experiencia, siempre sólo de mí se han tratado.

 

Martha Constanza García

30 de diciembre de 2017

 

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