Publicado en Reflexiones del Corazón

SALIR DEL LABERINTO

ESCAPO

De la incomodidad del momento presente.

De la incertidumbre, el enojo, el vacío, las culpas y los “debería”.

También lo hago de las oportunidades que ofrece el atreverse a encararlos y sentirlos.

Tanto así, de los regalos que ofrece el permitirme convivir en paz un rato con el “no saber” qué habré de hacer con todo esto.

RECUERDO

Ayer soñaba con este momento.

Con una escena similar a esta que hoy habito.

Inconscientemente se han sucedido los deseos e ideas de que los amigos/el estudio/la aventura/la pareja/la estabilidad/la maternidad/el tiempo libre, etc., me “lo” darían.

REFLEXIONO

¿Cuál es ahora la zanahoria que persigo mientras, demente, corro de una experiencia a la siguiente, de una sensación o situación a otra? ¿Al espejismo de “entonces, estaré mejor”?

Porque siempre hay algo que todavía debo hacer, ¿no? Más de esto, o quizás más de aquello: ejercicio, trabajo, orden, hijos, objetivos, contactos…

O creer que dejar de escapar es frenar en abrupto pisotón, para entonces “estancarme”. Retraerme y funcionar en mínimos. No emprender acción y perderme más bien en la eventual ensoñación de escenarios mejores.

De una manera, escapando, voy ansiosa y distraída. De la otra, paralizada, también termino aturdida por mis pensamientos que se van volviendo laberintos. Donde siempre una idea, creencia, prejuicio o temor se interpone entre yo y lo que en verdad, en la médula, quiero o necesito. Se interpone entre mi libertad y yo. Entre donde creo que debo “estar” y donde simple y sencillamente “soy”.

Y todo por pensar que debo perseguir un estado, condición o sentir “ideal”, –ideal según quién o respecto a qué, me podrías preguntar-.

Entonces, ¿qué pasa que continúo en esta compulsiva carrera, a veces abiertamente, a veces sutil o disfrazada?

PAUSO

Pauso a la mente “chiquita”.

Dejo de buscar respuestas.

No necesito consultar más libros, expertos, ni vecinos.

Me dejo caer en el aquí que de momento habito. En su silencio o sus ruidos. En mi impaciencia o en mi cómoda presencia. En mis esperanzas, mis dudas o en las certezas de mi ser.

Permanezco ahora, aquí.

No me abandono.

SIENTO

Me permito contactar con mi respiración, agitada o muy bajita. Con el calor o con el frío. Con el dolor de espalda o la tensión muscular de mi cara.

Con un nudo en la garganta. Con el corazón que cada vez más fuerte me palpita.

Con la suavidad de mi silla. Con el olor a ropa recién lavada.

Con lo que sea que aparece dentro de mí cuando mantengo ese pensamiento.

Incluso con mi resistencia a bajar de las historias de la mente y mantenerme aquí, así.

ME DOY CUENTA

Alcanzo la paz al rendirme. No al tratar ganar, pues los enemigos y verdugos han sido siempre auto impuestos: mi mente creadora, manteniendo creencias y mandatos, reflejados en mi entorno para ser experimentados, agradecidos y trascendidos, pero no para ser temidos ni ciegamente obedecidos.

Afuera nunca ha estado la respuesta. Ni la “llave”, en los logros sucesivos. Tampoco la plenitud ni el gozo.

FLUYO EN COHERENCIA

Me suelto de la mirada o gesto del otro, que creo enjuicia. De las palabras frías de quien no me conoce ni puede en mi lugar ponerse. Sin juicio. Sólo dejo de aferrarme.

Integro a la niña, para que pase de querer obedecer, cumplir, y al otro agradar, a amarse y aceptarse a sí misma. Ya sin expectativas o ideas de cómo eso se ha de hacer.

Y ENTONCES VOY HACIA DONDE MIS PASOS ME LLEVAN

 

Martha Constanza García

17 de marzo de 2018

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El país de las prisas

Este era el país de Los Que Siempre Llevan Prisa. Su habitantes no lo saben, pero casi todos padecen el síndrome del “antes y más es mejor”.

Van brincando sobre sus largas y elásticas colas, retumbando de un lado a otro sólo importando cuántos kilómetros recorren, cuántos paisajes “conquistan” y en cuanto tiempo los recorren. Eso es lo normal aquí.

Se dice que el mayor tesoro que se puede tener es escurridizo. Lo llaman TIEMPO y, si bien es algo que todos dicen anhelan tener, la verdad es que la mayoría lo gasta en cualquier cosa, con tal de no sentirse diferente a aquellos “que no tienen”.

Porque lo que está de moda no es tener tiempo para disfrutarlo, sino para, de nuevo gastarlo. Volviendo a quedar la cuenta en ceros. Esta raza no sabe cómo aquilatar el tiempo. Hacen, hacen, hacen todo el tiempo que se les olvida simplemente ser y sentir lo que sienten. Porque en eso consiste el síndrome de “cuanto antes es mejor”.

En la tierra de Los Que Llevan Prisa todos dicen querer tener más tiempo, repito. Sin embargo en realidad nadie parece comprender en realidad lo que el tiempo es y por eso lo van persiguiendo a cada momento.

Pero en medio de todos estos ocupados hacedores, que corren no por placer sino por compulsión, existen algunos soñadores, observadores. Se trata de un pequeño grupo, pero también cada vez nacen más y más de ellos. Se les conoce como SENSIBLES.

A veces pareciera que las cigüeñas se equivocaros de ruta, porque aquí el ritmo elegido para la vida no deja mucho espacio justo para eso: observar, sentir y soñar.

¿Quién va a comprender aquí a aquellos que no padecen ni conocen eso de Cuanto Antes, es Mejor, aquellos que simplemente “se toman su tiempo”? ¿Ellos, los que no necesitan saltar de un lugar a otro, de una experiencia a otra, de un contacto a otro, porque en cada momento encuentran suficientes – o más que suficientes- estímulos?

Por eso los consideran LENTOS, porque no tienen el paso o la prisa que tanto se adora en estas tierras. Les dicen CALLADOS porque no ven la necesidad de mostrarse expresivos en todo momento, mientras que se ocupan con percibir, pensar y soñar.

También suelen llamarlos TÍMIDOS ya que en grupos y experiencias nuevas se toman su tiempo antes de actuar, en lo que asimilan todo eso que les llega. Toda esa información y estímulos que resultan imperceptibles para los “brincadores”: un cambio en las energías, sonidos inusuales, olores nuevos o justo que activan recuerdos, un cambios de luces…

Información que ha de ser asimilada, identificándola, organizándola y dándole sentido y contexto. Momentos que generan nuevas vivencias internas, a veces intensas.

Así que en la tierra del Cuanto Antes es Mejor, cada vez llegan más soñadores que parecen ignorar las prisas del entorno, enseñándonos una nueva manera de vivir. Encienden su luz y nos dejan ver un poquito de la locura de las prisas en que vivimos.

Continuará, supongo…

Martha Constanza García

15 de enero de 2018

 

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Hoy ya lo he visto (Cuando los padres discuten)

Un día hace un cuanto de años dos células de dos cuerpos, una con otra se fundieron y el ser que yo soy, como resultado dieron.

No sólo fue una célula de cada uno, con toda su información, lo que originó el despertar de mi ser, sino que fueron por parte de ambos, años de amor, crianza, dedicación y compartir, los que formaron y acompañaron todos mis primeros pasos.

Con ambos he reído, me he enojado y he llorado. De pequeña en las piernas de ambos, tranquila y protegida a dormir me he acostado. Su aliento y su verdad personal una y otra vez he respirado.

Así que como consecuencia, una parte de mi madre y una parte de mi padre en mí llevo. Porque es en mucho en lo que a ella me parezco, como mucho es todo aquello en lo que de él como espejo reflejo.

Por eso, si ante mí el uno al otro se desacreditaban, dos importantes partes de mi ser en terrible lucha entraban.

Y es que en estas cosas de las disputas y el reparto de las culpas, uno es el que debe terminar aminorado, para que el otro, de momento más perseverante, fuerte o desesperado, pueda sentir que está seguro.

Pero ya hoy lo he visto… Y agradecida me permito permitirles continuar con sus ideas y su particular manera de elegir y convivir.

Hoy ya lo he visto… Y me he sacado, por fin, a mí misma de la ecuación. Porque en realidad nunca se trató de mí.

Así que honro y celebro mi Ying y mi Yang. Mi Yo Madre/niña y mi Yo Padre/niño. Reclamo e integro todo lo que soy, tenga el origen que tenga.

En mi interior hoy todo embona, se potencia, se transforma. Donde había conflicto, hoy  hay sinergia.

Hoy ya lo he visto… Porque en realidad, mi vida y mi experiencia, siempre sólo de mí se han tratado.

 

Martha Constanza García

30 de diciembre de 2017

 

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Hoy no quiero escribir

Hoy no quiero escribir.

Descubrí que simplemente no estoy deseosa de escribir aquello que brote en mí.

Hoy quiero estar aquí en donde estoy, juntando energía para el gozo.

De momento no quiero que mis pensamientos me alejen de este cuerpo y esta experiencia que aquí habito.

No quiero atender esa llamada que a través de mis letras, con mi otra realidad, interna, me conecta.

Hoy, de nuevo, no es un día para las letras: Aguarden o váyanse, que yo en su momento ya volveré.

Porque aunque las musas me llaman y mensajes me regalan, hoy no es día de subir a los cielos ni de tocar a los infiernos.

Hoy elijo mantener mi foco, creatividad y energía en habitar y transformar mi cotidiano, ese en el que me muevo día a día.

Los tiempos de introspección y de intensa reflexión probablemente más pronto que tarde volverán.

Ya sea abracándolo y avasallándolo todo o quizás sutil y equilibradamente. No lo sé, eso sólo el tiempo nos lo descubrirá.

Así que lo que resta por este año es sólo agradecer por todo lo que fue y lo que es. Por los principios y finales. Por los cambios de dirección, bruscos o paulatinos. Por los acelerones y los repentinos frenones.

Por todo aquello y aquellos que me topé, me tocaron y toqué. Por todo lo que sucedió o no, justo así, maravilloso y perfectamente imperfecto como fue. Por todas la sorpresas que están por llegar. Y por todo aquello que siempre parte de mi será.

Así que para todos:

Energía positiva.

Salud, entusiasmo y alegría.

¡Invoquémoslos en nuestras casas cada día!

 

Martha Constanza García

22 de diciembre de 2017

 

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Anhelar renacer sin aceptar antes morir

Conozco algunos que no estarán de acuerdo conmigo, pero para mí, hoy, escribir por escribir, por publicar mejor dicho, aunque se puede, no es plan. De hecho el trabajo de conciencia ha sido más bien honrar este no escribir o no publicar. Y así es como hace más de un mes que no he pasado por este mi querido lienzo, alias blog.

Sí que tengo mi libreta con algunos inicios o fragmentos que no llegaron a terminar de cuajar. Ideas que pasaron por mi pluma/mente/corazón pero sin que hubiese suficiente de ellos o suficiente fuerza para plasmarlos completos. O es que quizá sea una camada que requiere ser empollada por más tiempo…

Es que aunque mis planes eran unos, he decidido, por coherencia, honrar estos tiempos, tiempos de limbo, como los llama Alana Messineo (www.elportaldealana.com), aunque quizá los envidiosos dirían que más que elegir honrar mis tiempos, mi propia tormenta y furia emocional me han dejado knock out por este tiempo.  😉

Y me permito parafrasear a Alana, en su Facebook Live más reciente: “Los tiempos del limbo son tiempos en los que no te proyectas en tus tareas de siempre. Los días pasan como si estuvieran en blanco. Son tiempos en que estás asimilando las nuevas energías. Donde se están creando nuevos puntos de vista. Tiempo de incubación, parece que no pasa nada pero se hace un espacio para que surjan nuevas expresiones de ti misma. Conectando con nuestra sabiduría, amor y poder y descansando en lo que nos sucede. No exigirse de más. Descansar en ese paréntesis, donde se están creando nuevas significaciones.”

Así que así. Al principio con resistencia y enojo. Negándome a abandonar mis planes y mis fechas, ambos que confieso, reconozco trazados más que nada por el ego, por los tiempos del “afuera”, más que por los del adentro.

Y no sólo la ruptura o entorpecimiento de los planes de que, queriendo yo manifestar en lo “exterior”, ¡ups! resulta que toca zambullirse en nuevas profundidades que, además de incómodas, no daban para más que para partirse de dolor.

Aunque el observador interno -bueno observadora-, estaba bien activa, no tenía mucha voz ni voto. Reconociendo, eso sí, que las paredes del laberinto sólo eran sostenidas por mis pensamientos, mis creencias. Pero poco más.

Y con el buen ejemplo de mi hijita, mi niña interior también se permitió zapatear de la forma más irracional pero también más honesta posible, y tumbándose con intensidad y llena de coraje gritaba: ¡NO, NO, NO QUIERO! Un no quiero que he de decir, se sentía tan encarnado y doloroso como vivo, a la vez que sanador.

Y es que para los que hemos buscado la armonía como quien necesita aire, momentos así son desconcertantes, desconocidos y parecieran ajenos y con sabor a fracaso –otra vez el ego, te digo-.

Y así, aunque una parte de mí se obstinaba y se clavaba en no aceptar: “no lo entiendo, no me gusta, no lo quiero, no estaba planeado así, no es cómodo”, otra parte de mi, amorosamente me abrazaba, me sostenía y daba espacio para toda esa intensidad. Recordándome “sentir en el cuerpo, permitir sin miedo y sin historias ni (más) drama.”

Los dos únicos recursos que lograron penetrar la muralla de fuego y calmar un poco las aguas turbulentas fueron: 1) la presencia, como descrita aquí arribita. Con la certeza de que podría sostener y transitar cualquier intensidad. Y 2) las 4 palabras: LO SIENTO, PERDÓN, GRACIAS, TE AMO.

Así que ya no pudiendo escaparle a esa otra verdad interior, esa faceta dolorosa que quizá normalmente puedo llevar bien escondida y algo maquillada o ignorada, llegó el momento de ver frente a frente a eso de lo que huyo mientras me pongo mi traje de mamá comprometida, mujer razonable, persona responsable y estable.

Permitiendo que todo eso que me atravezaba -tuviera el origen que fuera: creencia, energía, karma, sombra, lo que fuera-, estuviera ahí, haciendo contacto, dejándome sentirlo aún no sabiendo cómo lo resolvería o aún sin del todo atreverme a hacer y darme eso que intuyo evolutivamente necesito.

Sin más, hice acopio de valentía, entereza, compasión y fe, dejando caer la lluvia sobre mí, empapándome hasta la médula. Con el fuego consumiendo en mí todo lo que ya no debe estar. Conmigo misma y mis propias cenizas como ofrenda.

En los momentos menos duros de este sacudón eléctrico, podía alcanzar esa visión alta, panorámica que tanto me gusta. Esa que alcanza a ver en cierta medida: 1. Por qué pasaba lo que pasaba, aunque se me antojara imposible e inútil tratar de ponerlo en términos o palabras algo lógicas. 2. Que esto también pasaría. 3. Y que a la vez, en otro nivel: No estaba pasando nada.

El agradecimiento por todo lo que tengo no se ofuscó en ningún momento, pero no se reflejaba en el ánimo. Con los días han ido calmándose las aguas, recuperándose el equilibrio, y más y más momentos de joy han ido alegrando los días.

He podido comprobar que no le temo al agujón del Escorpión. Me estoy permitiendo (re)conocerlo, transitarlo y transmutar. Y toca seguir haciéndome cargo, aceptando que mi cotidiano y mi rumbo requieren un apretón de tuerca, un ajuste de dirección. Pero sin olvidar que todo esto conlleva un proceso.

Y bueno, qué sería del fénix sin calcinarse en el fuego, o de Gandalf el Gris, sin la batalla que le costó la vida en Moria… 😉

Con cariño, de esta mujer, madre, amiga, hija, hermana con tantas cuestiones por integrar, pero también todas, por agradecer.

Nos seguiremos conectando, cuando toque, en este tiempo sin tiempo que a veces con claridad se presenta.

Como siempre, muchas gracias por acompañarme al leerme.

 

Martha Constanza García

27 de noviembre de 2017

 

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Este mundo necesita más amor

Este mundo necesita más amor porque si bien este mundo YA es Amor, con los tiempos que corren se necesita que lo mantengamos vivo, cada vez más, en nuestras elecciones.

Y ya que este escrito no lo leerán Kim Jon-un ni Trump, te invito a que seamos tú y yo quienes nos hagamos cargo de esta situación.

Por eso, ante cada elección, preguntémonos “¿Qué es lo que en mi lugar haría el amor?” y dejemos que libre, la respuesta aparezca en nuestro interior.

Y será así como notemos que el amor contesta apareciendo como paciencia y respuesta elegida y consciente, y no ya pura reacción.

Puede ser también que el amor nos pida auto cuidado o sanos límites. O puede que aparezca pidiéndonos hacernos cago de nuestra impecabilidad. Incluyendo nuestros enojos, ya que el amor, si bien a veces descarta, jamás nada desprecia.

Y pues bueno, me doy cuenta de que este escrito no será mi masterpiece pero está hecho con amor y con eso ha de bastar.

Así que hoy nos deseo que nos permitamos contactar con el amor.

Que el amor nos toque, nos ilumine y nos impulse.

Que permitamos que el amor nos transforme, a cada pulso a cada paso.

Que el amor nos guíe y que aprendamos a elegir como el Amor que somos, tanto en lo chiquito, como en lo grandote.

Incluso tras un traspié, que no dudemos retomar el camino al que éste nos guíe, porque como te digo, en estos momentos lo que este mundo urgentemente necesita, es más amor.

 

Martha Constanza García

1 de octubre de 2017

 

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MÉXICO, HERMOSO MÉXICO

 

Que no tengan que pasarte estas cosas

para que recordemos

que sí sabemos “jalar parejo”.

 

Que trabajando juntos,

no sólo podemos rescatarnos

sino también reconstruirnos.

 

Que la solidaridad de estos días,

respaldada por la memoria colectiva,

siembre en nuestros corazones

una nueva y mejor manera de pensar y de actuar.

Por el bien de todos.

Por ti.

 

México, hermoso México,

que no tengamos que sacurdirnos

de nuevo de esta manera

para ser dignos de ti.

 

 

 

Martha Constanza García

20 de septiembre de 2017

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