Publicado en Escritura Creativa, Reflexiones del Corazón

Yo no soy mis letras

Yo no soy mis letras. Las letras son, nada más y nada menos que trazos en un papel que evocan pensares y sentires, incluso temores y anhelos, pero los propios del instante en que los plasmé.

Yo no soy mis letras. Yo soy un ser experimentando un viaje de transformación, auto exploración e integración. Mis letras, en cambio, son unas, las ahí volcadas un abril o un febrero. Una media noche o un sábado por la mañana. Son un instante, una pausa.

Escribo desde los huesos, desde el alma y sí, los escritos incluyen el personaje, ¿qué hay de malo en eso? Escribo desde las ganas, las hormonas y en fin, con todo el cuerpo. Algunas veces puro corazón, otras enjundia, otras misterio.

Mis letras son vehículo de un mensaje que a través de mi puño pide ser parido y compartido, así nada más, sin razón pero sin prejuicio. Y bueno, sí, sí, está bien, que lo confieso, alguna que otra pulidita, sí que le doy: ¡Pero al mensajero no hay que matar!

Aunque también un poco de mis programas activos encontrarás. A veces también de mi mente chiquita, ¡y qué le voy a hacer! Pero eso sí, lo que sí es siempre lo mismo cuando escribo, es ese potente y fluido sentir de que soy inmensa, ilimitada…¡infinita!

Mis letras, como yo, son tanto finitas como infinitas. Y es que, si bien, en este blog hago uso de categorías yo cada ves más me reconozco INDEFINIBLE, por más etiquetas que me quieran poner, por más casilleros que me destinéis.

Y bueno, esas etiquetas mi mente chiquita, un poquito en juego y un poquito por miedo, a veces también me las adjudica. Y sí, que a veces pasa que luego éstas, sin pena ni gloria en un guiño me las puedo quitar.

Así que mis leetras y yo en parte somos parecidas y no te culparía si es que nos fueras a confundir. Pero no, no somos lo mismo. Ellas fueron sólo un parar, un observar, un escuchar. Un sentir hecho cantar.

Escribir parece una tarea para “hacer” pero en realidad es una tarea para “dejar de”. Dejar de contener todo aquello que dentro de mí se aglomera, dejar de repetirlo en mi fuero interno y llevarlo a otra realidad. Cuestión de no reprimir, sino de soltar.

No. Yo no soy mis letras. Las honro, sí, pero para inmediantamente dejarlas volar.

Martha Constanza García

8 de agosto de 2019

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Publicado en Círculos de Mujeres, Consciencia y Maternidad, Motivación, Reflexiones del Corazón

Maternidad: sueños, desafíos y el momento presente

Estoy prontita prontita a iniciar la Formación de Expertas en Acompañamiento a la Maternidad Consciente y a la Crianza Respetada, impartida por la Psic. Mónica Serrano Muñoz, a quien hace relativamente poco descubrí “casualmente” gracias a un post de un contacto en Facebook.

El tema y el approach de Mónica me súper llama, y como muchas saben, la maternidad –alcanzarla y ejercerla conscientemente- ha sido y es un parteaguas físico, psíquico, emocional y espiritual impresionante en mi vida.

“El camino con y por ella ha puesto al descubierto y hecho nítido que yo, si desconectada de mí misma, no soy la mejor versión para ser su guía, pues así no podré transmitirle y mostrarle los dones que dicha conexión ofrece.

Por eso, hoy deseo más que nunca ser mi mejor versión, lo cual empieza por creer en mí misma, valorarme, tenerme paciencia ante las dificultades y saber perdonarme en mis “fallas”.

Procurarme yo misma eso que de los demás anhelo: ser vista, escuchada, reconocida y aprobada. Darme amorosamente mi lugar y dárselo a mis necesidades y deseos. Nutrirme y cuidarme. Y no sólo de dicho o allá en una vaga teoría, sino en mi conducta, mis decisiones y mis actos.

Porque como le digo a mi hija cuando la estoy atendiendo y necesito hacer una pausa, por ejemplo para ir al baño:

“¿Sabes cariño? Mamá también es importante.”

Bueno, en realidad también me lo estoy diciendo a mí misma.

Porque esto del autocuidado no es siempre fácil, me parece.

Pero el intento re vale la pena, ¿no crees?”

Martha Constanza García, junio de 2017.

Ser mamá, para mí, es algo altamente transformador y motivador… aunque hay muchos momentos en el día a día de mi ser madre, en que me siento rebasada, cansada, perdida y no calificada para la tarea, la cual a veces me parece tan, tan ardua.

Entonces, en momentos así, pienso que si no será que soy un fraude y que no sé a quién es que pretendo engañar hablando de crianza respetuosa o pretendiendo acompañar a mamás que, como yo, desean serlo de una manera presente y consciente.

Sin embargo, incluso en los momentos más duros o de dudas, hay una vocecita en mi interior que me recuerda mi intención y mi compromiso. Pienso que en realidad es admirable el levantarse de los lugares, a veces solitarios, de los cuales las madres muchas veces hemos de levantarnos, para seguir dando y haciendo lo mejor que podemos por nuestrxs hijxs y seres amados.

Y es que además sé que no estoy sola. Que no soy la única que pasa por estas crisis y sube y bajas emocionales. Y es este sentir de conexión con otras mujeres que anhelan y buscan ser madres, o con mamis que también día a día, se encuentran con los desafíos del cuidado de los hijos – además como es mi caso, en un país y cultura distintos a los nuestros de origen. Lejos de nuestra propia red de familia, amistades de siempre, identidad y recursos previos- el que me inspira.

Y entonces es así, con todo y todo, que me animo a convocar a este taller para mamás el cual tendrá la forma tan amada por mí de Círculo: Inspiradas por auna meditación y tras algunos ejercicios, reflexionaremos en privado y compartimos experiencias e insights durante nuestro círculo de la palabra. Se trata de un espacio para reflexionar y comunicarse con compasión, libertad y empatía.

Eres muy bienvenida a acompañarnos y conformar juntas este espacio de respeto y sororidad, para serntirnos escuchadas y escucharnos las unas a las otras, pero sobre todo para escucharte a ti misma, la voz de tu corazón y tu sabiduría interior.

Martha Constanza García

19 de mayo de 2019

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Publicado en Círculos de Mujeres, Reflexiones del Corazón

Escucharnos, sentirnos, respetarnos

La mayoría de nosotros sobrevaloramos nuestra propia opinión sobre la vida y problemas de las otras personas.

Ya sea como una malentendida generosidad o por pura verborrea como le dicen, la verdad es que muchas, muchas veces no son opiniones ni “soluciones” lo que nuestros seres queridos necesitan.

Si, cuando escuchemos a alguien contarnos una situación difícil o disyuntiva por la que está pasando, nos ponemos las pilas y nos ceñimos a escucharle y hacerle sentir escuchado, no estaremos subestimando a los demás ni a su sabiduría interna y sí estaremos contribuyendo a tener relaciones más armoniosas y nutricias.

Esto es algo que practicamos en nuestros Círculos de Mujeres, donde la invitación cada vez es a dejar la charla meramente social para allá afuera y declarar entre todas ese espacio como sagrado, es decir, de profunda conexión.

Siendo conscientes de que hablamos e interpretamos lo que oímos desde nuestra propia visión y experiencias, nada más y nada menos, nos abstenemos de aconsejar, contradecir o corregir a aquellas entre nosotras que desean hacer uso de la palabra.

Por esto también cada una habla en primera persona, sobre sí misma, sus experiencias, su vida y reflexiones.

La verdad es que es una belleza, porque además desde el incio intencionamos que todo lo vertido ahí, lo sentido, escuchado y pensado sea para el mayor bien nuestro y de todas nuestras relaciones.

Martha Constanza García

22 de abril de 2019

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Publicado en Escritura Creativa, Reflexiones del Corazón

Agrade-siendo

Hace unos días que ando así, no sé, un poco rara.

Despierto agradecida, respiro agradecida, bueno que hasta me incomodo o encabrono agradeciendo.

Y entonces mis nubes grises pasan más rápido, el aroma del café baila acariciando mis poros y un suave contento del corazón se mece adentro mío, susurrando paz.

Y agradezco -me, -te, -le, -nos, -les. En presente, futuro, pretérito, copretérito y pluscuamperfecto.

Y pasa últimamente también que puedo ser la que está en struggle, esa que no sabe qué otra cosa hacer, o ésto (sic) por qué pasa. Soy a la que le duele. La que por segundos arde en rabia.

Puedo ser también la que intenta salir de ahí, busca “causar” un determinado efecto, buscando incesantemente la razón y solución práctica y lógica.

Soy también otra, aquella que anhela expandirse en un creencia o sentir trascendental: “tranquila, todo está bien”, “todo pasa por algo”, “no te escapes al futuro, mantente aquí”, “siente lo que sientes”.

Y también me reconozco en otra. Más allá. Alguien quien sin necesidad de control ni sentido de urgencia ni de separación, de todo es testigo. Está ahí y en presencia, inmutable, sólo observa.

Desde ahí, desde el lugar donde todas en mí convergen, te saludo y agradezco por tu tiempo y tu lectura.

Martha Constanza García

24 de junio de 2018

 

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Quisimos querernos

Quisimos querernos, pero no funcionó.

Nos atraíamos, nos conveníamos.

Pero el intento, en poco quedó.

 

Quise jugar a niña buena y en el fondo

a ella en mí inconscientemente querías ver.

Aunque sí, te gustaba que además de apoyarte,

lo que te era conocido un poquito desafiaba.

 

Muy pronto quisimos creer en un nosotros

y una historia juntos fabricarnos.

Pero la realidad bien rápido los ojos nos abrió.

 

Los dos sabemos que tú eras de costumbres y raíces.

Y yo, con la mirada en el vuelo progresaba.

Así que pronto de nuevo, todo en mutua admiración quedó.

 

Y de esto han pasado ya mil años. Un tierno y fugaz cometa.

Gracias por acercarte y por el brillo en tus ojos al mirarme.

 

Gracias también por todo aquello que, pudiendo ser, no fue.

Porque fuimos uno para el otro un breve puente. Y no un destino.

Recapitulo agradecida y me voy a continuar con lo que hoy es mío…

 

Martha Constanza García

 

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Publicado en Escritura Terapéutica, Reflexiones del Corazón

Confieso que tal vez…

Confieso que tal vez no confío en mi propia brújula. Esa, la de las entrañas. La que se siente en el cuerpo. La de mi lado femenino.

Que tal vez tengo miedo a dejarme llevar, a simplemente ser. A dejar de seguir los letreros que otros han puesto y que te dicen por dónde ir y cuál es el camino correcto que se debe tomar.

Que tal vez tengo miedo a tomar mi propia ruta, a andar un camino desconocido, aún no trazado, aunque todo mi ser me lo esté pidiendo, en parte quizá por el miedo a perder esquemas y referencias.

Confieso que tal vez le tengo miedo a mostrar los que considero excesos y que siento podrían en cualquier momento hacer erupción ý salirse de dentro de mí, esos mis too much, entregándome mejor a un compulsivo auto escrutinio, permanente auditoría, al cual hasta ahora he llamado autoconocimiento y así – en nombre de la consciencia- me he convencido de no soltar ni relajar.

Que tal vez me es más fácil desconectarme de los sentires que considero incómodos por inapropiados, y distraerme entregándome al análisis. Buscando razones, valga la redundancia, primordialmente razonables.

Confieso también que tal vez me boicoteo, me auto saboteo. Que inicio cosas a las que mi mente me lleva pero las cuales no van acompañadas del resto de mi ser, de mi coherencia. O que, iniciando con todas las ganas, poco a poco mi mente chiquita empieza con sus habituales peros, asfixiando lo que era el flow.

Que tal vez le tengo miedo al ridículo, a entregarme al momento y que el mar me tumbe o se me meta arena en el bikini. Que tal vez sea por eso que seguido prefiero ver el mar desde la orilla y si acaso meter la punta del pie, creyendo que lo he experimentado.

En fin, que tal vez lo único que en realidad sucede es que hoy puedo ver, sin vendas, que tengo en mí mucho, mucho miedo. Y que, de alguna manera -y con cierta confianza-, puedo ver que lo que estoy haciendo es justo perderle el miedo a tener miedo. Y eso, eso en sí es ya maravilloso.

Martha Constanza García

1 de junio de 2018

 

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Imagen: Tarot de Aleister Crowley

P.D. Iba a ponerme a buscar la imagen para acompañar este texto, como hago siempre, y pensé en la carta de La Fuerza, con la seguridad de que era la que debía estar aquí. Encontré está de Aleister Crowley y me resonó aún más. Paré de buscar. 😉

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Dejarme de chiquitas

Esto del pensar chiquito ya me hartó. Esa preocupacioncita, temorcito, enojito, conjetura, bobadita… Esas cosas insignificantes, pero agrandadas, con las que a veces me entretengo o me escondo y en las que voy perdiendo mis aquís y mis ahoras.

“Que si dijo, o que si no dijo”, “que le debí haber contestado esto en vez de aquello”, “que por qué Mengana ya no me habla”, “que si qué van a pensar si X o Y…”

Momentos que se me escurren. Y yo… tantas veces invadida por dudas y expectativas insatisfechas y sin sentido. Unas, hijas de un mero hábito instaurado ayer cuando las circunstancias y yo éramos distintas. Otras, ajenas, introyectadas también en otro momento, aún sostenidas sólo porque sí. Las unas y las otras, cual viejos pellejos o telarañas, hoy mira que me causan picazón.

Incordiantes posibilidades de pasado o de futuro. Pérdida total del foco. “Hubieran” inservibles o “no vayan a ser” antecediendo fantasiosos escenarios. Ociosidades no necesariamente de quien no tiene qué hacer, sino de quien se acomoda escuchando a la voz de la duda y el temor -ese dudar y temer que me llevaron ya en un par de ocasiones a querer usar en este escrito el “nosotros” en lugar de este bien plantado “yo” que de mis vísceras hoy nace-.

Y es que qué harta estoy de todos esos momentos de pensar y vivir en chiquito. Chiquito, me refiero, no en comparación con una vida de lujos o fuegos artificiales, sino respecto a una vida más plena: con más agradecimiento, risas, conexión, presente, aprendizajes, posibilidades y pasión.

Porque cada momento que elijo quedarme en la duda, el enojo, el remordimiento, etc., equivale a tirarlo a la basura. Y conste que no lo digo por enjuiciarme o reprocharme, porque cada pensamiento, sentir o inclinación que han llegado, lo han hecho por algo. Pero es que este impulso de hoy, también por algo está ahora acá. Y sin medias tintas, disculpas ni salvedades, me permito sentirlo en el cuerpo y expresarlo.

Y es que ahora, además, me ha dado por empezar a verlo mucho en mis espejos y con esto me queda aún más claro: yo hoy quiero dejarme de chiquitas.

¡Y que inicie la nueva vuelta a la espiral!

Martha Constanza García

23 de mayo de 2018

 

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