Publicado en Motivación, Reflexiones del Corazón

Dejarme de chiquitas

Esto del pensar chiquito ya me hartó. Esa preocupacioncita, temorcito, enojito, conjetura, bobadita… Esas cosas insignificantes, pero agrandadas, con las que a veces me entretengo o me escondo y en las que voy perdiendo mis aquís y mis ahoras.

“Que si dijo, o que si no dijo”, “que le debí haber contestado esto en vez de aquello”, “que por qué Mengana ya no me habla”, “que si qué van a pensar si X o Y…”

Momentos que se me escurren. Y yo… tantas veces invadida por dudas y expectativas insatisfechas y sin sentido. Unas, hijas de un mero hábito instaurado ayer cuando las circunstancias y yo éramos distintas. Otras, ajenas, introyectadas también en otro momento, aún sostenidas sólo porque sí. Las unas y las otras, cual viejos pellejos o telarañas, hoy mira que me causan picazón.

Incordiantes posibilidades de pasado o de futuro. Pérdida total del foco. “Hubieran” inservibles o “no vayan a ser” antecediendo fantasiosos escenarios. Ociosidades no necesariamente de quien no tiene qué hacer, sino de quien se acomoda escuchando a la voz de la duda y el temor -ese dudar y temer que me llevaron ya en un par de ocasiones a querer usar en este escrito el “nosotros” en lugar de este bien plantado “yo” que de mis vísceras hoy nace-.

Y es que qué harta estoy de todos esos momentos de pensar y vivir en chiquito. Chiquito, me refiero, no en comparación con una vida de lujos o fuegos artificiales, sino respecto a una vida más plena: con más agradecimiento, risas, conexión, presente, aprendizajes, posibilidades y pasión.

Porque cada momento que elijo quedarme en la duda, el enojo, el remordimiento, etc., equivale a tirarlo a la basura. Y conste que no lo digo por enjuiciarme o reprocharme, porque cada pensamiento, sentir o inclinación que han llegado, lo han hecho por algo. Pero es que este impulso de hoy, también por algo está ahora acá. Y sin medias tintas, disculpas ni salvedades, me permito sentirlo en el cuerpo y expresarlo.

Y es que ahora, además, me ha dado por empezar a verlo mucho en mis espejos y con esto me queda aún más claro: yo hoy quiero dejarme de chiquitas.

¡Y que inicie la nueva vuelta a la espiral!

Martha Constanza García

23 de mayo de 2018

 

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Entre principios y armaduras

Hay principios que son del orden del bien-estar y del bien-ser, que nos elevan y contribuyen al bienestar nuestro, de nuestras relaciones y en general, del entorno. Como no ser tranza, no tirar basura en la calle, tratar a todas las personas con respeto, por ejemplo.

Pero muchas veces también nos aferramos a otro tipo de principios, los del ego les llamo yo, los cuales sostenemos “porque sí“, por dolor o por revancha.

Hablo de determinaciones que tomamos en algún momento en que nos sentimos dolidos, como no ser el primero en hablarle a un amigo después de un encontronazo de opiniones, o cosas así. Son, de hecho armaduras.

Éstas fueron en su momento decisiones que nos ayudaron, que necesitábamos tomar quizá para protegernos o ayudarnos a ponerle fin a un capítulo difícil de nuestra vida, pero que a la larga nos mantienen rígidos si no las “checamos” de vez en cuando, si no nos las cuestionamos para que, si optamos por ellas de nuevo, lo hagamos desde un lugar lúcido, con consciencia y no desde el piloto automático.

La cuestión con este tipo de principios es que a veces ya nos hemos identificado tanto con ellos (yo soy de las personas que…/yo siempre…/yo nunca…) que aunque las situaciones, las personas o nosotros mismos hayamos cambiado, no nos permitimos soltarlos pues nos dan una falsa sensación de seguridad.

Y así es que quizá nos cargamos la boca de verdad y nos creemos los muy muy al afirmarlos, aunque no nos estén haciendo bien y nos estemos perdiendo de valiosas oportunidades. Y eso es una lástima.

Es una pena quedarnos atrapados en nuestras propias conjeturas sobre quiénes somos o debemos ser. Quedarnos atrapados repitiéndonos una y otra vez diálogos internos caducos que nos están impidiendo fluir, disfrutar de nuevas maneras de relacionarnos o tomar nuevos y excitantes desafíos.

“A todos, alguna armadura nos tiene atrapados. Solo que la vuestra ya la habéis encontrado.” El caballero de la armadura oxidada. Robert Fisher.

Lo peor es que esto pasa casi siempre sin que nos demos cuenta. Esto nos pasa cuando estamos distraídos viendo para afuera, a los otros y lo que hacen, dicen, hicieron o dejaron de decir, encontrando a esos otros siempre en falta. Juzgándolos.

Hacemos esto en vez de volver la atención a nosotros mismos, a nuestro centro, a lo que en este momento en verdad deseamos o necesitamos experimentar, desarrollar, o aprender, y a las oportunidades que se nos están presentando.

Bueno, sólo pasaba por aquí para recordarnos quitarnos seguido la armadura y revisarla. Con chance y ya no la necesitamos…

Martha Constanza García

5 de mayo de 2018

 

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Publicado en Escritura Creativa, Reflexiones del Corazón

Al son de mi corazón

Puede ser que me haya tomado mi tiempo encontrar una tribu donde sentirme cómoda, siendo simplemente, totalmente, yo. O más bien, me tomó tiempo reconocerla, reconocerme en ella.

He tenido que andar perdida un tiempo para poder hallar el camino que en realidad mi corazón anhela, crearlo con confianza y certeza, escuchándome toda, todita. Y reconocer en mi corazón y vibra, junto a quiénes deseo, hoy, transitarlo.

Además, la verdad es que el ejercicio se ha repetido más de una vez. Porque cambio. Porque cambias. Porque cambiamos.

Tuve que deslindarme del camino por otros o por mí misma antes para mí trazado. Tuve que iniciar rutas que después interrumpiría. Tuve que caminar al lado de las personas que “no eran” –aunque mi cabeza quisiese convencerme de otra cosa-, para darme cuenta que sólo mis propios pasos son los que he de seguir.

Estos pasos unas veces me acercan y otras me alejan de los caminos de los otros, y estoy aprendiendo a no ver estas separaciones como tragedias, sino a presenciar, permitir y honrar mis ires y venires, tanto como los de los demás, aunque sí, a veces duelan. Aceptándolos como si simplemente estuviera escuchando la cadencia de un rico son.

Este camino del que te hablo es como si fuese una melodía compuesta de variados acordes y compases. Es la melodía de mi vida fluyendo instante a instante: crescendo, adagio, allegro…

Y es que en realidad cada uno de nosotros es una pieza musical compleja. No tanto compleja, sino rica en ritmos, tonos y estilos. Cada vida, cada vivir, es una sinfonía y cada uno el compositor, dirigente, músico o solista.

Somos hoy la pausa entre dos notas, y mañana un sonido grave o prístino. Somos tanto el arco, como la madera, el mango, la cuerda y el diapasón del violín. Somos el propio violín y sus notas. Somos el brazo que lo sostiene y el que lo ejecuta.

Es apasionante saberme a veces arrullo, a veces estruendo. Zumbo, repico, retemblo, chillo y soy potpurrí.

Y tú… ¿eres hoy reggae, góspel, disco, blues, rock o qué?

¿Qué te pide hoy tu corazón?

 

Martha Constanza García

23 de abril de 2018

 

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— Y bueno, antes de despedirme quiero compartir por aquí esto que me encontré:

 

 

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Plena, en mis contrastes

Que no sé nada, lo sé. Y al mismo tiempo, nada más que lo que sé, se necesita para vivir este preciso momento.

Que si bien, me preparo con consciencia, el momento “futuro” en realidad se desplegará en total sabiduría. Sabiduría mayor a aquella que cualquier intelecto por sí solo puede llegar a vislumbrar.

Sólo sé que me entrego todita: mente, cuerpo, espíritu y corazón unidos en respetuosa, a la vez que cantarina, ofrenda.

Me reconozco canal del Espíritu, Consciencia, y me dedico entonces a limpiar percepciones. A disfrutar, honrar y a agradecer y no requiero saber más de lo que hoy aquí en mí hay/siento/soy.

Me sé espejo tuyo y no temo ya que creas ver en mí aquello que en realidad de ti reflejo.

A la vez, te agradezco también el permitirme verme en ti. A veces el zoom en mis sombras, a veces disfrutando de mi brillo.

Y es que hoy ya no temo que me acuses o señales con el dedo, siendo que otros tres te devuelven, discretos, el juicio que de mí emites.

Y aunque sí, lo confieso, una parte pequeñita de mi Yo Niña aún desea gustarte para que me recuerdes “bonito”, lo cierto es que con la vida he aprendido a aceptarme tal y como soy, totalmente plena en mis contrastes.

Martha Constanza García

9 de abril de 2018

 

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SALIR DEL LABERINTO

ESCAPO

De la incomodidad del momento presente.

De la incertidumbre, el enojo, el vacío, las culpas y los “debería”.

También lo hago de las oportunidades que ofrece el atreverse a encararlos y sentirlos.

Tanto así, de los regalos que ofrece el permitirme convivir en paz un rato con el “no saber” qué habré de hacer con todo esto.

RECUERDO

Ayer soñaba con este momento.

Con una escena similar a esta que hoy habito.

Inconscientemente se han sucedido los deseos e ideas de que los amigos/el estudio/la aventura/la pareja/la estabilidad/la maternidad/el tiempo libre, etc., me “lo” darían.

REFLEXIONO

¿Cuál es ahora la zanahoria que persigo mientras, demente, corro de una experiencia a la siguiente, de una sensación o situación a otra? ¿Al espejismo de “entonces, estaré mejor”?

Porque siempre hay algo que todavía debo hacer, ¿no? Más de esto, o quizás más de aquello: ejercicio, trabajo, orden, hijos, objetivos, contactos…

O creer que dejar de escapar es frenar en abrupto pisotón, para entonces “estancarme”. Retraerme y funcionar en mínimos. No emprender acción y perderme más bien en la eventual ensoñación de escenarios mejores.

De una manera, escapando, voy ansiosa y distraída. De la otra, paralizada, también termino aturdida por mis pensamientos que se van volviendo laberintos. Donde siempre una idea, creencia, prejuicio o temor se interpone entre yo y lo que en verdad, en la médula, quiero o necesito. Se interpone entre mi libertad y yo. Entre donde creo que debo “estar” y donde simple y sencillamente “soy”.

Y todo por pensar que debo perseguir un estado, condición o sentir “ideal”, –ideal según quién o respecto a qué, me podrías preguntar-.

Entonces, ¿qué pasa que continúo en esta compulsiva carrera, a veces abiertamente, a veces sutil o disfrazada?

PAUSO

Pauso a la mente “chiquita”.

Dejo de buscar respuestas.

No necesito consultar más libros, expertos, ni vecinos.

Me dejo caer en el aquí que de momento habito. En su silencio o sus ruidos. En mi impaciencia o en mi cómoda presencia. En mis esperanzas, mis dudas o en las certezas de mi ser.

Permanezco ahora, aquí.

No me abandono.

SIENTO

Me permito contactar con mi respiración, agitada o muy bajita. Con el calor o con el frío. Con el dolor de espalda o la tensión muscular de mi cara.

Con un nudo en la garganta. Con el corazón que cada vez más fuerte me palpita.

Con la suavidad de mi silla. Con el olor a ropa recién lavada.

Con lo que sea que aparece dentro de mí cuando mantengo ese pensamiento.

Incluso con mi resistencia a bajar de las historias de la mente y mantenerme aquí, así.

ME DOY CUENTA

Alcanzo la paz al rendirme. No al tratar ganar, pues los enemigos y verdugos han sido siempre auto impuestos: mi mente creadora, manteniendo creencias y mandatos, reflejados en mi entorno para ser experimentados, agradecidos y trascendidos, pero no para ser temidos ni ciegamente obedecidos.

Afuera nunca ha estado la respuesta. Ni la “llave”, en los logros sucesivos. Tampoco la plenitud ni el gozo.

FLUYO EN COHERENCIA

Me suelto de la mirada o gesto del otro, que creo enjuicia. De las palabras frías de quien no me conoce ni puede en mi lugar ponerse. Sin juicio. Sólo dejo de aferrarme.

Integro a la niña, para que pase de querer obedecer, cumplir, y al otro agradar, a amarse y aceptarse a sí misma. Ya sin expectativas o ideas de cómo eso se ha de hacer.

Y ENTONCES VOY HACIA DONDE MIS PASOS ME LLEVAN

 

Martha Constanza García

17 de marzo de 2018

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El país de las prisas

Este era el país de Los Que Siempre Llevan Prisa. Su habitantes no lo saben, pero casi todos padecen el síndrome del “antes y más es mejor”.

Van brincando sobre sus largas y elásticas colas, retumbando de un lado a otro sólo importando cuántos kilómetros recorren, cuántos paisajes “conquistan” y en cuanto tiempo los recorren. Eso es lo normal aquí.

Se dice que el mayor tesoro que se puede tener es escurridizo. Lo llaman TIEMPO y, si bien es algo que todos dicen anhelan tener, la verdad es que la mayoría lo gasta en cualquier cosa, con tal de no sentirse diferente a aquellos “que no tienen”.

Porque lo que está de moda no es tener tiempo para disfrutarlo, sino para, de nuevo gastarlo. Volviendo a quedar la cuenta en ceros. Esta raza no sabe cómo aquilatar el tiempo. Hacen, hacen, hacen todo el tiempo que se les olvida simplemente ser y sentir lo que sienten. Porque en eso consiste el síndrome de “cuanto antes es mejor”.

En la tierra de Los Que Llevan Prisa todos dicen querer tener más tiempo, repito. Sin embargo en realidad nadie parece comprender en realidad lo que el tiempo es y por eso lo van persiguiendo a cada momento.

Pero en medio de todos estos ocupados hacedores, que corren no por placer sino por compulsión, existen algunos soñadores, observadores. Se trata de un pequeño grupo, pero también cada vez nacen más y más de ellos. Se les conoce como SENSIBLES.

A veces pareciera que las cigüeñas se equivocaros de ruta, porque aquí el ritmo elegido para la vida no deja mucho espacio justo para eso: observar, sentir y soñar.

¿Quién va a comprender aquí a aquellos que no padecen ni conocen eso de Cuanto Antes, es Mejor, aquellos que simplemente “se toman su tiempo”? ¿Ellos, los que no necesitan saltar de un lugar a otro, de una experiencia a otra, de un contacto a otro, porque en cada momento encuentran suficientes – o más que suficientes- estímulos?

Por eso los consideran LENTOS, porque no tienen el paso o la prisa que tanto se adora en estas tierras. Les dicen CALLADOS porque no ven la necesidad de mostrarse expresivos en todo momento, mientras que se ocupan con percibir, pensar y soñar.

También suelen llamarlos TÍMIDOS ya que en grupos y experiencias nuevas se toman su tiempo antes de actuar, en lo que asimilan todo eso que les llega. Toda esa información y estímulos que resultan imperceptibles para los “brincadores”: un cambio en las energías, sonidos inusuales, olores nuevos o justo que activan recuerdos, un cambios de luces…

Información que ha de ser asimilada, identificándola, organizándola y dándole sentido y contexto. Momentos que generan nuevas vivencias internas, a veces intensas.

Así que en la tierra del Cuanto Antes es Mejor, cada vez llegan más soñadores que parecen ignorar las prisas del entorno, enseñándonos una nueva manera de vivir. Encienden su luz y nos dejan ver un poquito de la locura de las prisas en que vivimos.

Continuará, supongo…

Martha Constanza García

15 de enero de 2018

 

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Hoy ya lo he visto (Cuando los padres discuten)

Un día hace un cuanto de años dos células de dos cuerpos, una con otra se fundieron y el ser que yo soy, como resultado dieron.

No sólo fue una célula de cada uno, con toda su información, lo que originó el despertar de mi ser, sino que fueron por parte de ambos, años de amor, crianza, dedicación y compartir, los que formaron y acompañaron todos mis primeros pasos.

Con ambos he reído, me he enojado y he llorado. De pequeña en las piernas de ambos, tranquila y protegida a dormir me he acostado. Su aliento y su verdad personal una y otra vez he respirado.

Así que como consecuencia, una parte de mi madre y una parte de mi padre en mí llevo. Porque es en mucho en lo que a ella me parezco, como mucho es todo aquello en lo que de él como espejo reflejo.

Por eso, si ante mí el uno al otro se desacreditaban, dos importantes partes de mi ser en terrible lucha entraban.

Y es que en estas cosas de las disputas y el reparto de las culpas, uno es el que debe terminar aminorado, para que el otro, de momento más perseverante, fuerte o desesperado, pueda sentir que está seguro.

Pero ya hoy lo he visto… Y agradecida me permito permitirles continuar con sus ideas y su particular manera de elegir y convivir.

Hoy ya lo he visto… Y me he sacado, por fin, a mí misma de la ecuación. Porque en realidad nunca se trató de mí.

Así que honro y celebro mi Ying y mi Yang. Mi Yo Madre/niña y mi Yo Padre/niño. Reclamo e integro todo lo que soy, tenga el origen que tenga.

En mi interior hoy todo embona, se potencia, se transforma. Donde había conflicto, hoy  hay sinergia.

Hoy ya lo he visto… Porque en realidad, mi vida y mi experiencia, siempre sólo de mí se han tratado.

 

Martha Constanza García

30 de diciembre de 2017

 

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