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En paz con mis guerras

Este escrito surgió a raiz de haber recibido el boletín de mi querida Natalia Sarro de Inspiramundo, conteniendo algunos disparadores para escritura terapéutica. De inmediato la pluma se puso en acción. ¡Gracias Naty por la consigna!

 

Hoy y para siempre me reconcilio con las partes de mí que no he sabido amar.

Con mi sentimentalismo, con mi mucho pensar y con mi mucho hablar.

 

Me reconcilio con quien fui, con lo que hice y con lo que por temor, no emprendí.

Me reconcilio con mis ritmos espirales, que muchas veces con caos confundí.

 

Me perdono por todo aquello que no me importa o no me importó, aún cuando pensé que debería haberlo hecho; pero es que en su momento, busqué en mí y no encontré ningún eco.

 

Me perdono por haberle dado la espalda tantas veces a mi intuición, optando por lo que asumía, era la “razón”.

 

Hoy y para siempre me perdono por haber querido pasar las cosas sólo por la mente, creyendo que eso daba seguridad.

 

Me reconcilio con mi necesidad de control y con todas las veces que no he estado -o estaré- en el momento presente, sino elucubrando sobre lo que será, pudo haber sido, o fue.

 

Me reconcilio hoy y para siempre con mi ego y le devuelvo las máscaras que se fabricó con la finalidad de protegerme: “Gracias por todo lo que has querido hacer por mí, pero ¿sabes qué? ya no vas al volante. ¡Puedes tomar asiento atrás, relajarte y del viaje disfrutar!

 

Me reconcilio con la Yo que a veces en un grupo se siente inadecuada. Me perdono por ser too much o por sentirme not enough.

 

Me reconcilio hoy y para siempre con las veces que no he querido ser como soy y por no haber sabido valorar la medicina que en esta vida me toca compartir, incluidos los retos que la han ayudado a florecer.

 

Me reconcilio con mis ancestrxs, con lxs que no siempre he sabido “estar en paz”. Les agradezco haber sido el puente para yo esta humanidad poder encarnar. Y mucho más.

 

Me reconcilio hoy y para siempre con el a veces no saber cuidar mi cuerpo, al cual hoy le agradezco y pido luz.

 

Me reconcilio con mis hormonas. Con el hecho de que tan chiquita me bajó mi primera menstruación y con estos mis dos pechos que, avergonzada, en su momento me hicieron la postura jorobar.

 

Me reconcilio con mi sexualidad, y suelto todos y cada uno de los “debería” y “no debería” de los que la cargué. Me reconcilio con el momento en el que hoy estoy.

 

Me reconcilio hoy y para siempre con cada bocado “de más” que hasta hoy di. Aquellos con los que quería borrar el enojo, la desilusión, la culpa, la frustración y la confusión.

 

Y ya que estamos en éstas, me reconcilio también con el haber creído que enojarse es negativo, por no saber que hay enojos sagrados que son parte de nuestra evolución.

 

Me reconcilio entonces con mis enojos, con toda esa energía que no canalicé. Lo hago también con esos “otros” que me han hecho y me hacen ebullir al reflejarme aquellas partes que aún no he integrado en mí.

 

Me reconcilio con todo lo mencionado y con todo aquello que aunque mi pluma no ha logrado recapitular, mi corazón listo está para agradecer, perdonar, permitir o soltar.

 

Me reconcilio con la Yo que hasta hoy ha tejido mi historia. Desde hoy y para siempre, guerrera sagrada me reconozco y con todas mis guerras, en paz estoy.

 

Martha Constanza García

12 de septiembre de 2017

 

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Hoy, aquí

Mi único credo, mi corazón

Mi afiliación, conmigo misma

Mi lealtad, para lo que me da vida

 

Quienes me rodean, mis espejos

Yo para los demás, lo mismo, un reflejo

 

El pasado, lo agradezco, lo perdono

El futuro, de querer controlarlo me libero

 

Hoy, aquí, me habito

Con mis dudas y preocupaciones

Con mis amores y todos mis sueños

 

¡Ahó!

 

Martha Constanza García

24 de agosto de 2017

 

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Hoy nos vi

Hoy nos vi.

A ti y a mí.

 

Cada uno en su inmensidad.

Cada quien en su propia pequeñez.

 

Hoy vi tus ojos y más que ver sólo mi reflejo,

Vi tus mares, tus cielos, tus infiernos.

 

Es más, pudiera decir que pareciera,

que apenas recién ahora es que te conociera.

Tú no, no hiciste nada en especial.

Sólo fue que hoy me dejé llevar.

 

Y comprendí por qué no me pudiste amar

ni un poquito mejor, ni un despertar más.

 

Comprendí lo perfecto que todo fue.

 

Nos vi, dejando de ser quienes éramos

en aquel tiempo en que nos necesitábamos.

 

Te vi tomando las llaves en tu mano.

Y cerrar la puerta tras de ti.

 

Me vi.

Y juntando los pedacitos de mí

y de mis sueños rotos en un paliacate,

es que felizmente entiendo el mensaje.

 

Hoy sé que no he hecho “algo mal”.

Sino que lo único que hice fue ser más yo.

Pero tomaste tu distancia y me dolió.

 

Y yo que soy de las que no se rinde.

Traté y traté de retenerte.

Tratando de conservar vivo

un “nos” que estaba más que muerto.

 

Pero ahora veo todo diferente.

 

Y te dejo, y te suelto.

Y de ser el caso, nos perdono.

 

Porque seguir soñando con lo que ya no es

y mendigando, o tolerando la poca reciprocidad,

simplemente ya no va.

 

Entonces me siento aquí en el piso

en medio de mis pedacitos rotos.

Y mientras con cariño los observo

con profundo amor, de necesitarte me libero.

 

Y sé que aunque mi mente tiende un poco a regresar,

la experiencia me dice que eso también ha de pasar.

 

Así que aquí estoy de nuevo,

Una mujer frente al espejo.

 

 

Martha Constanza García

18 de agosto.

 

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Perdóname si no fui…

Perdóname si no fui a tu cumpleaños, baby shower, bienvenida o despedida.

Perdóname si dije que iría pero no llegué. O si ni avisé, ni me presenté.

Lamento no haber sido impecable, ni haber honrado mi palabra.

Lamento también cualquier inconveniente o molestia causada.

 

Y es que no sé qué tanto me lo notabas.

Pero en mí se estaba librando una batalla.

El terreno: mi alma/cuerpo/mente/corazón

El motivo: un sueño (en ese entonces) no cumplido, razones sin entender, la menstruación que insistente volvía cada mes.

Los oponentes: La luz y sus amorosas tropas vs. el yo chiquito y su ejército de cabrones enanitos.

Y mientras esgrimía la espada del discernimiento y mi propio escudo a base de pura aceptación construía, por esas cosas de la vida, el escenario cambió y la vida felizmente la tregua me dio.

 

Quisiera pensar que hoy haría las cosas de diferente manera. Pero es que quien ahora soy no existiría sin la que antes he sido.

Así que familiar, amiga/amigo, por favor, y después de todos estos años:

Perdóname por no haber asistido.

 

 

Martha Constanza García

12 de agosto de 2017

 

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Soy

Hoy, lunes 7 de agosto de 2017, hubo un eclipse lunar parcial. La luna llena en Acuario, abriendo el portal de los eclipses hasta que en unos días vuelva a haber.

Tanta meditación como tuve hoy me inspiró a sacar la pluma y el papel y esto fue lo que salió, acompañanda de esta mùsica:                                       http://www.youtube.com/watch?v=lBd-W_mpNsk&t=2395s

 

Soy

Luz que lo ilumina todo.

Fuego que lo consume todo.

Amor que lo perdona todo.

 

Sol que ciega al verlo.

Agua que refresca tu rostro.

Árbol que sacude el viento.

 

Soy el cerro más poblado.

Un candado sin orificio.

Una mañana sin lucero.

 

Soy el ángel de tus sueños.

Los senderos jamás pisados.

Estrella que explota en infinitos destellos.

 

Soy mis recuerdos de pequeña.

La lluvia que cae sin clemencia.

Soy este dolor de cabeza.

 

Soy la sangre que corre por mis venas.

La barca que surca las mareas.

Y ese olvido del que no te enteras.

 

El agua cristalina del riachuelo.

Los cinco brincos de un gato.

El sonido de un campanario.

 

Soy la alegría que ilumina tu mirada.

Soy un ser que vuela y ama.

La liebre, la ternera, la gacela.

 

Soy el vacío en tus noches sombrías.

Soy la guitarra y sus notas.

Soy un chiquillo sin alpargatas.

 

Soy un susurro en tu oído.

Poder, gozo y castigo.

Soy yo quien sostiene al mundo.

 

Soy madre, ave, hermana.

Soy una feroz mirada.

Soy el hambre de la manada.

 

Soy el ocaso y soy el alba.

Azul, violeta, púrpura, amarilla.

La concentración, el tino y la flecha.

 

Soy como el mecer de las palmeras.

Soy el destierro y soy las tinieblas.

Soy un brillante manto de estrellas.

 

Soy el cielo y soy la tierra.

Soy el refugio, soy la leña.

Soy sostén y soy correa.

 

Soy el todo y soy la nada.

Serpiente, Eva y la manzana.

Soy como el volar de un cometa.

 

Mujer, quebrada, aldea.

El sudor de un hombre que arrea.

Un mensaje y el canal que lo entrega.

 

Soy un manojo de nervios.

Soy el poder del Creador.

 

Soy quien siempre he sido.

Soy uno, todos, ninguno.

 

Soy los cantos de la madre.

Caballo blanco de crines al aire.

 

Soy y sigo siendo.

Fui todo lo nunca fui.

 

Una mirada lejana.

Una lengua olvidada.

 

Mi sonrisa, mi voz y mi sentir.

 

Martha Constanza García

7 de agosto de 2017

 

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Carta a la niña que un día fuí

 

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Con ocasión de que mi querida Fernanda Romo Ayala acaba de iniciar la 4a edición de su taller Quiérete Más, he desempolvado una de las tareas del curso, en cuya previa edición participé. Esta tarea es muy especial para mí y se las quiero compartir.

Se trata de seleccionar una o dos fotos de cuando éramos pequeñas y escribir una carta a la niña que un día fuimos.

Resulta que esta tarea fue con lo que en noviembre pasado me reencontré con la escritura, y por primera vez sentí con potencia la magia de este escribir para sanar. Entonces después fue que al seguir escribiendo nació este blog y la fan page de Empoderamiento con Empatía en Facebook.

Escogí estas dos fotos porque no pude decidir si hablarle a la niña observadora y dócil o a mi otra faceta, libre y con confianza en mí misma. Finalmente he sido ambas.

“Marthis querida, eres un ser humano bello y sumamente valioso, así tal y como eres. Y aunque a veces te topes con personas que no puedan valorarte o entenderte, quiero que sepas que tienes hermosos talentos para disfrutar y compartir con quien sea que tú decidas.

 A lo largo de tu vida habrá momentos en que convivan dentro de ti deseos o emociones que quizás sean opuestos. Esto es normal y no pasa nada. Algunos de éstos brotan de lo más profundo de tu ser, otros vienen tal vez de la voz de mamá o de papá a quienes quieres complacer y hacer felices, pero quiero que sepas que esa no es tu obligación ni tu trabajo, sino el de ellos mismos. Porque es así como funciona la vida.

 Tú has venido aquí para, con libertad, trazar tu propio camino, el cual irás construyendo y adornando cada vez que logres escuchar a tu propio corazón y decidas hacerle caso.

 No pasa nada malo si a veces sientes temor o dudas. Tú y yo sabemos que junto a esa fina sensibilidad tan tuya, eres también una mujer valiente y fuerte.

No importa el tiempo que te lleve, sé con certeza que llegarás a convertirte, más pronto que tarde, en la mujer consciente y auténtica para la que has nacido ser, y que de hecho, ya eres.

TE AMO.”

 

Martha Constanza García

9 de junio de 2017

 

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No lo pedí yo, lo quiso el viento

El azul mar de mi memoria en un momento

hoy me trajo en una ola tu recuerdo.

No lo pedí yo, lo quiso el viento:

aquí recordarnos en un aliento.

 

Nuestra historia, fugaz estrella en el firmamento,

fue algo muy alejado de aquello que ideal siento.

Pero en su dìa fue, por mi parte al menos,

algo importante y de mucho sentimiento.

 

Que lo que tuvimos fue un error, ya no lo pienso,

pues aprendí varias lecciones para mi crecimiento.

Las heridas las ha curado y borrado el tiempo

y desde esa vez más dramas en mi vida no consiento.

 

Quizá nunca cuentes con mi entendimiento,

pero seguro lo haces con mi agradecimiento.

Hacia tí no tengo ningún resentimiento

y hoy ya no te culpo ni te desmiento.

 

Aunque, pensándolo bien, no estás exento

de que si te veo cerca: ¡yo corro y te ahuyento!

 

Martha Constanza García

1 de abril de 2017

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