Publicado en Escritura Terapéutica, Reflexiones del Corazón

Plena, en mis contrastes

Que no sé nada, lo sé. Y al mismo tiempo, nada más que lo que sé, se necesita para vivir este preciso momento.

Que si bien, me preparo con consciencia, el momento “futuro” en realidad se desplegará en total sabiduría. Sabiduría mayor a aquella que cualquier intelecto por sí solo puede llegar a vislumbrar.

Sólo sé que me entrego todita: mente, cuerpo, espíritu y corazón unidos en respetuosa, a la vez que cantarina, ofrenda.

Me reconozco canal del Espíritu, Consciencia, y me dedico entonces a limpiar percepciones. A disfrutar, honrar y a agradecer y no requiero saber más de lo que hoy aquí en mí hay/siento/soy.

Me sé espejo tuyo y no temo ya que creas ver en mí aquello que en realidad de ti reflejo.

A la vez, te agradezco también el permitirme verme en ti. A veces el zoom en mis sombras, a veces disfrutando de mi brillo.

Y es que hoy ya no temo que me acuses o señales con el dedo, siendo que otros tres te devuelven, discretos, el juicio que de mí emites.

Y aunque sí, lo confieso, una parte pequeñita de mi Yo Niña aún desea gustarte para que me recuerdes “bonito”, lo cierto es que con la vida he aprendido a aceptarme tal y como soy, totalmente plena en mis contrastes.

Martha Constanza García

9 de abril de 2018

 

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Publicado en Escritura Terapéutica

A quien hoy ha soltado mi mano

Ella, la que cada noche eleva la luna y coloca prolija, una a una, en el cielo las estrellas, ha bajado hoy hasta aquí para llevarte con ella.

Por tu nombre te ha llamado y te ha susurrado en el oído: “Hijito mío, tu misión aquí ya ha concluido. Vente tranquilo conmigo…”

Y mientras la ciudad en reposo se encontraba, tú que también te habías quedado profundamente dormido, iniciaste el camino de regreso, ese que recorreremos todos lo que en esta Tierra vivimos.

Te fuiste y no podré volver a estrecharte entre mis brazos, ni sentir tu olor ni lo suave de tu tacto. No volverá a sonar tu risa, ni compartiremos juntos más la charla y la mesa con familiares y amigos.

Así pues, ya que la vida así lo quiso, tampoco nos enredaremos ya en ninguna de esas nuestras discusiones sin sentido, ni te veré jamás de nuevo cabizbajo, ofuscado ni sombrío.

Son tantos, tantos, los NO y los NUNCA MÁS que se van apilando en mi quebranto, que casi olvido que la ESENCIA de quien fuiste, de lo que eres, conmigo para siempre la he tenido. Porque tú, sabiéndolo o no, me la obsequiaste: en cada palabra, gesto, acto y suspiro.

Porque eso, las palabras, gestos, actos y suspiros que compartimos, no son más ni menos que los símbolos de nuestro encuentro álmico, el cual, más allá de todo lo aparente, ha sucedido.

Y aún consciente de eso, correrán y correrán mis lágrimas por esta parte de mí que hoy no logra nada más que sentir que para siempre te ha perdido.

Y si bien esas lágrimas empañarán por un tiempo mi visión y mi confianza en la justicia y el destino, al mismo tiempo, al deslizarse por mis mejillas tal cual ríos, limpiarán mi corazón un poco de tanta pena y habrán regado las semillas que antes de este adiós, temporal e indefinido, en mi ser y para siempre tú habías esparcido.

Así que tarde o temprano, en cada uno de los que te quisimos irán brotando nuevos frutos: ideas, inspiraciones, acciones o sentires, que evocarán por siempre, más fuertes o más sutiles, tus pasos, tu labor y tu cometido.

 “Señora, tú que cada noche elevas la luna y colocas prolija, una a una, en el cielo las estrellas, concédenos a los que por ahora aquí en la Tierra hemos quedado: consuelo, fortaleza y esperanza. Y a aquél amado nuestro, quien hoy ha soltado mi mano y a quien entre las tuyas has tomado, entrégale mi eterna gratitud, por de tal manera mi vida haber tocado.”

Martha Constanza García

1 de marzo de 2018

 

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Publicado en Escritura Creativa, Escritura Terapéutica

Así como suena

No es No. Así como suena. Una palabra de dos letras.

No quiero que te dediques a señalar lo que te parecen son mis ‘faltas’.

No quiero que corrijas la dirección de mis pasos ni el tono de mi voz. Vamos, ni siquiera la curvatura de mi espalda.

No quiero que expliques lo que según tú debí decir. Lo que dije, quise decirlo así como lo dije.

No quiero que me digas que no le debo dar importancia a algo, o que justamente debí haber tenido mucho más cuidado…

No necesito ni quiero que pienses por mí.

No necesito ni quiero que temas por mí.

No necesito ni quiero que dudes de mí.

No llames ‘amor por mí’, a intentar proteger tus heridas de mi voz y mi verdad.

Hazte cargo mejor de tus dolores, tus miedos, tus abandonos y tu quizá no sentirte completo.

Sé que es más fácil proyectarnos en los demás y reaccionar ante ellos. Pero no, esa no es más que la manera de hacer crecer la separación.

 

 

*Gracias a Natalia Sarro de Inspiramundo por brindar la oportunidd de que saliera todo esto, al plantear la dinámica de compartir un NO, claro e inequívoco en su grupo de Facebook “Eso que no decimos: Coaches y Psicólogas que escriben”. Gracias a todas ellas quienes compartieron un necesario y liberador NO.

 

Martha Constanza García

12 de febrero de 2018

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Publicado en Escritura Terapéutica, Reflexiones del Corazón

Anhelar renacer sin aceptar antes morir

Conozco algunos que no estarán de acuerdo conmigo, pero para mí, hoy, escribir por escribir, por publicar mejor dicho, aunque se puede, no es plan. De hecho el trabajo de conciencia ha sido más bien honrar este no escribir o no publicar. Y así es como hace más de un mes que no he pasado por este mi querido lienzo, alias blog.

Sí que tengo mi libreta con algunos inicios o fragmentos que no llegaron a terminar de cuajar. Ideas que pasaron por mi pluma/mente/corazón pero sin que hubiese suficiente de ellos o suficiente fuerza para plasmarlos completos. O es que quizá sea una camada que requiere ser empollada por más tiempo…

Es que aunque mis planes eran unos, he decidido, por coherencia, honrar estos tiempos, tiempos de limbo, como los llama Alana Messineo (www.elportaldealana.com), aunque quizá los envidiosos dirían que más que elegir honrar mis tiempos, mi propia tormenta y furia emocional me han dejado knock out por este tiempo.  😉

Y me permito parafrasear a Alana, en su Facebook Live más reciente: “Los tiempos del limbo son tiempos en los que no te proyectas en tus tareas de siempre. Los días pasan como si estuvieran en blanco. Son tiempos en que estás asimilando las nuevas energías. Donde se están creando nuevos puntos de vista. Tiempo de incubación, parece que no pasa nada pero se hace un espacio para que surjan nuevas expresiones de ti misma. Conectando con nuestra sabiduría, amor y poder y descansando en lo que nos sucede. No exigirse de más. Descansar en ese paréntesis, donde se están creando nuevas significaciones.”

Así que así. Al principio con resistencia y enojo. Negándome a abandonar mis planes y mis fechas, ambos que confieso, reconozco trazados más que nada por el ego, por los tiempos del “afuera”, más que por los del adentro.

Y no sólo la ruptura o entorpecimiento de los planes de que, queriendo yo manifestar en lo “exterior”, ¡ups! resulta que toca zambullirse en nuevas profundidades que, además de incómodas, no daban para más que para partirse de dolor.

Aunque el observador interno -bueno observadora-, estaba bien activa, no tenía mucha voz ni voto. Reconociendo, eso sí, que las paredes del laberinto sólo eran sostenidas por mis pensamientos, mis creencias. Pero poco más.

Y con el buen ejemplo de mi hijita, mi niña interior también se permitió zapatear de la forma más irracional pero también más honesta posible, y tumbándose con intensidad y llena de coraje gritaba: ¡NO, NO, NO QUIERO! Un no quiero que he de decir, se sentía tan encarnado y doloroso como vivo, a la vez que sanador.

Y es que para los que hemos buscado la armonía como quien necesita aire, momentos así son desconcertantes, desconocidos y parecieran ajenos y con sabor a fracaso –otra vez el ego, te digo-.

Y así, aunque una parte de mí se obstinaba y se clavaba en no aceptar: “no lo entiendo, no me gusta, no lo quiero, no estaba planeado así, no es cómodo”, otra parte de mi, amorosamente me abrazaba, me sostenía y daba espacio para toda esa intensidad. Recordándome “sentir en el cuerpo, permitir sin miedo y sin historias ni (más) drama.”

Los dos únicos recursos que lograron penetrar la muralla de fuego y calmar un poco las aguas turbulentas fueron: 1) la presencia, como descrita aquí arribita. Con la certeza de que podría sostener y transitar cualquier intensidad. Y 2) las 4 palabras: LO SIENTO, PERDÓN, GRACIAS, TE AMO.

Así que ya no pudiendo escaparle a esa otra verdad interior, esa faceta dolorosa que quizá normalmente puedo llevar bien escondida y algo maquillada o ignorada, llegó el momento de ver frente a frente a eso de lo que huyo mientras me pongo mi traje de mamá comprometida, mujer razonable, persona responsable y estable.

Permitiendo que todo eso que me atravezaba -tuviera el origen que fuera: creencia, energía, karma, sombra, lo que fuera-, estuviera ahí, haciendo contacto, dejándome sentirlo aún no sabiendo cómo lo resolvería o aún sin del todo atreverme a hacer y darme eso que intuyo evolutivamente necesito.

Sin más, hice acopio de valentía, entereza, compasión y fe, dejando caer la lluvia sobre mí, empapándome hasta la médula. Con el fuego consumiendo en mí todo lo que ya no debe estar. Conmigo misma y mis propias cenizas como ofrenda.

En los momentos menos duros de este sacudón eléctrico, podía alcanzar esa visión alta, panorámica que tanto me gusta. Esa que alcanza a ver en cierta medida: 1. Por qué pasaba lo que pasaba, aunque se me antojara imposible e inútil tratar de ponerlo en términos o palabras algo lógicas. 2. Que esto también pasaría. 3. Y que a la vez, en otro nivel: No estaba pasando nada.

El agradecimiento por todo lo que tengo no se ofuscó en ningún momento, pero no se reflejaba en el ánimo. Con los días han ido calmándose las aguas, recuperándose el equilibrio, y más y más momentos de joy han ido alegrando los días.

He podido comprobar que no le temo al agujón del Escorpión. Me estoy permitiendo (re)conocerlo, transitarlo y transmutar. Y toca seguir haciéndome cargo, aceptando que mi cotidiano y mi rumbo requieren un apretón de tuerca, un ajuste de dirección. Pero sin olvidar que todo esto conlleva un proceso.

Y bueno, qué sería del fénix sin calcinarse en el fuego, o de Gandalf el Gris, sin la batalla que le costó la vida en Moria… 😉

Con cariño, de esta mujer, madre, amiga, hija, hermana con tantas cuestiones por integrar, pero también todas, por agradecer.

Nos seguiremos conectando, cuando toque, en este tiempo sin tiempo que a veces con claridad se presenta.

Como siempre, muchas gracias por acompañarme al leerme.

 

Martha Constanza García

27 de noviembre de 2017

 

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En paz con mis guerras

Este escrito surgió a raiz de haber recibido el boletín de mi querida Natalia Sarro de Inspiramundo, conteniendo algunos disparadores para escritura terapéutica. De inmediato la pluma se puso en acción. ¡Gracias Naty por la consigna!

 

Hoy y para siempre me reconcilio con las partes de mí que no he sabido amar.

Con mi sentimentalismo, con mi mucho pensar y con mi mucho hablar.

 

Me reconcilio con quien fui, con lo que hice y con lo que por temor, no emprendí.

Me reconcilio con mis ritmos espirales, que muchas veces con caos confundí.

 

Me perdono por todo aquello que no me importa o no me importó, aún cuando pensé que debería haberlo hecho; pero es que en su momento, busqué en mí y no encontré ningún eco.

 

Me perdono por haberle dado la espalda tantas veces a mi intuición, optando por lo que asumía, era la “razón”.

 

Hoy y para siempre me perdono por haber querido pasar las cosas sólo por la mente, creyendo que eso daba seguridad.

 

Me reconcilio con mi necesidad de control y con todas las veces que no he estado -o estaré- en el momento presente, sino elucubrando sobre lo que será, pudo haber sido, o fue.

 

Me reconcilio hoy y para siempre con mi ego y le devuelvo las máscaras que se fabricó con la finalidad de protegerme: “Gracias por todo lo que has querido hacer por mí, pero ¿sabes qué? ya no vas al volante. ¡Puedes tomar asiento atrás, relajarte y del viaje disfrutar!

 

Me reconcilio con la Yo que a veces en un grupo se siente inadecuada. Me perdono por ser too much o por sentirme not enough.

 

Me reconcilio hoy y para siempre con las veces que no he querido ser como soy y por no haber sabido valorar la medicina que en esta vida me toca compartir, incluidos los retos que la han ayudado a florecer.

 

Me reconcilio con mis ancestrxs, con lxs que no siempre he sabido “estar en paz”. Les agradezco haber sido el puente para yo esta humanidad poder encarnar. Y mucho más.

 

Me reconcilio hoy y para siempre con el a veces no saber cuidar mi cuerpo, al cual hoy le agradezco y pido luz.

 

Me reconcilio con mis hormonas. Con el hecho de que tan chiquita me bajó mi primera menstruación y con estos mis dos pechos que, avergonzada, en su momento me hicieron la postura jorobar.

 

Me reconcilio con mi sexualidad, y suelto todos y cada uno de los “debería” y “no debería” de los que la cargué. Me reconcilio con el momento en el que hoy estoy.

 

Me reconcilio hoy y para siempre con cada bocado “de más” que hasta hoy di. Aquellos con los que quería borrar el enojo, la desilusión, la culpa, la frustración y la confusión.

 

Y ya que estamos en éstas, me reconcilio también con el haber creído que enojarse es negativo, por no saber que hay enojos sagrados que son parte de nuestra evolución.

 

Me reconcilio entonces con mis enojos, con toda esa energía que no canalicé. Lo hago también con esos “otros” que me han hecho y me hacen ebullir al reflejarme aquellas partes que aún no he integrado en mí.

 

Me reconcilio con todo lo mencionado y con todo aquello que aunque mi pluma no ha logrado recapitular, mi corazón listo está para agradecer, perdonar, permitir o soltar.

 

Me reconcilio con la Yo que hasta hoy ha tejido mi historia. Desde hoy y para siempre, guerrera sagrada me reconozco y con todas mis guerras, en paz estoy.

 

Martha Constanza García

12 de septiembre de 2017

 

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Hoy, aquí

Mi único credo, mi corazón

Mi afiliación, conmigo misma

Mi lealtad, para lo que me da vida

 

Quienes me rodean, mis espejos

Yo para los demás, lo mismo, un reflejo

 

El pasado, lo agradezco, lo perdono

El futuro, de querer controlarlo me libero

 

Hoy, aquí, me habito

Con mis dudas y preocupaciones

Con mis amores y todos mis sueños

 

¡Ahó!

 

Martha Constanza García

24 de agosto de 2017

 

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Hoy nos vi

Hoy nos vi.

A ti y a mí.

 

Cada uno en su inmensidad.

Cada quien en su propia pequeñez.

 

Hoy vi tus ojos y más que ver sólo mi reflejo,

Vi tus mares, tus cielos, tus infiernos.

 

Es más, pudiera decir que pareciera,

que apenas recién ahora es que te conociera.

Tú no, no hiciste nada en especial.

Sólo fue que hoy me dejé llevar.

 

Y comprendí por qué no me pudiste amar

ni un poquito mejor, ni un despertar más.

 

Comprendí lo perfecto que todo fue.

 

Nos vi, dejando de ser quienes éramos

en aquel tiempo en que nos necesitábamos.

 

Te vi tomando las llaves en tu mano.

Y cerrar la puerta tras de ti.

 

Me vi.

Y juntando los pedacitos de mí

y de mis sueños rotos en un paliacate,

es que felizmente entiendo el mensaje.

 

Hoy sé que no he hecho “algo mal”.

Sino que lo único que hice fue ser más yo.

Pero tomaste tu distancia y me dolió.

 

Y yo que soy de las que no se rinde.

Traté y traté de retenerte.

Tratando de conservar vivo

un “nos” que estaba más que muerto.

 

Pero ahora veo todo diferente.

 

Y te dejo, y te suelto.

Y de ser el caso, nos perdono.

 

Porque seguir soñando con lo que ya no es

y mendigando, o tolerando la poca reciprocidad,

simplemente ya no va.

 

Entonces me siento aquí en el piso

en medio de mis pedacitos rotos.

Y mientras con cariño los observo

con profundo amor, de necesitarte me libero.

 

Y sé que aunque mi mente tiende un poco a regresar,

la experiencia me dice que eso también ha de pasar.

 

Así que aquí estoy de nuevo,

Una mujer frente al espejo.

 

 

Martha Constanza García

18 de agosto.

 

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