Publicado en Escritura Terapéutica, Motivación, Reflexiones del Corazón

¡Real!

En los momentos o días de más sombra o necesidad de cueva, también experimento la dicha de la Conexión conmigo misma.

Quizás a veces es incómodo y quizás haya lágrimas o desgano, sí… pero mi presencia y mi “permitirme” se sienten como una mantita o un chocolate caliente. Como el abrazo de la madre más amorosa.

Sí, sí, puede ser que se trate de una forma poco popular en estas épocas en que está de moda “perseguir la felicidad y la aventura”. Pero la verdad es que esto es amor incondicional y también es expansión.

Aunque he de reconocer que, lo que también es cierto, es que a veces “me quedo ahí” por miedo. Por miedo a, en el hacer, desconectarme o perderme de mí misma entre las ideas y expectativas de los demás. Especialmente por el miedo al propio juicio.

Pero a estas alturas ya he entendido que quedándome ahí, escondida, no me protejo, sino que me pierdo de probar y experimentar la vida así como me pierdo oportunidades de crear aquello que he venido a crear y a compartir en este plano, en esta Tierra y este tiempo.

Así que hoy he decidido desnudarme y dejar atrás para siempre las inseguridades del pasado, la auto exigencia y el pretender complacer o satisfacer a los otros antes que a mí. Dejo atrás los autosabotajes y el miedo a saberme y sentirme brillante y vibrante. Independientemente de la opinión, expectativas o creencias de los demás.

Me amo y acepto tal como soy y me doy permiso a no ser perfecta, sino humana y ¡REAL!

> Preciosa mía, ya aprendiste a estar siempre de tu lado, ¡tú sabes cómo hacerlo! Permítete disfrutar, expresarte, apasionarte y usar y mostrar tu magia particular!! Permítete no ser lo que los demás esperan o quieren que seas. También retírate, si retirada es lo que resuena en tu corazón. Permíteles a los otros sus experiencias y aprendizajes y toma tu vida, tu intensidad y tus colores en tus manos… ¡Y sigue volando! ¡Vuela por donde y tan alto como se te antoje! <<

 

¡Gracias Rosa Eva por todo lo que has compartido y lo que has contribuído a despertar en mí y en cada una de las #MujeresMagnéticas que hemos participado en tu training gratuito!

 

Martha Constanza García

27 de noviembre de 2019

 

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Yo hija

La relación madre-hija es una de las relaciones más trascendentes en nuestra vida.

Esa mujer que nos dio vida, o aquella que nos acompañó y se ocupó de nosotras y nuestras necesidades, conforma una parte muy importante de nuestra visión de lo femenino y de lo que implica ser mujer.

Como hijas, pues no, no tuvimos una mamá que fuera ‘perfecta”… Y antes de que me vengan con: “sé que hizo lo mejor que pudo”, -muy válido por supuesto-, la invitación es a, en cierto momento, ya no tener la vista puesta en mamá – lo que hizo o dejó de hacer-.

La invitación es a verme a mí misma, niña, joven y adulta, como hoy soy, y junto con soltar los reproches y expectativas puestas en esa mujer, aprender a darme aquello que yo sienta que no me dieron – o que no vi que mamá se diera a sí misma- y que por lo tanto no me doy: valoración , amor, cuidado de mi cuerpo o de mis espacios y necesidades. Y hacerlo sin culpas.

Sé que esto es más fácil decirlo que hacerlo, porque en nyestro subconsciente se ha instalado mucha información con mucha carga emocional por lo que para poder soltar cualquier bloqueo o impacto relacionado, y hacerlo desde el amor, hay entonces primero que revisar desde una visión honesta e integral, y eso, eso se hace mejor acompañada.

Yo con mucho gusto te hago de copilota y te acompaño en ese viaje de auto descubrimiento. Desentrañemos juntas tu mapa, querida Mujer.

 

Martha Constanza García

3 de octubre de 2019

 

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Imagen de edsavi30, vía Pixabay

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La razón de mi silencio

 

Hoy la entiendo.

La razón de mi silencio no era la que yo creía.

Todo aquello no fue causa.

Sino que es el efecto.

 

Anduve de pocas palabras.

Y eso, en mí, no es cosa de nada.

La pluma iniciaba pero no concretaba.

 

Los dedos, perezosos para hacer de intérpretes de la mente.

No queriendo poner en palabras los atardeceres de mi corazón,

ni el choque de mis planetas internos.

 

Tampoco quise etiquetar ni bautizar

las nuevas intuiciones que se sucedían

– y aún suceden-

en el interior de mi ser.

 

Mutando pieles andaba.

Qué digo pieles, pareciera estructura, huesos.

Y aún ando un poco así, sintiendo que transito entre dos fases.

 

No fue, pues, el sueño.

Ni las horas extras de muy buscado descanso.

No fue el descuido ni la exigencia de otros cumplimientos.

No fue impotencia, ni tampoco que no quise.

 

La práctica activa del no escribir

(y todas las otras cosas)

Fue y es respeto, descubrimiento.

 

Ha sido la expresión del dar espacio al cortocircuito.

El cual es el origen del reseteo.

Dando cabida a la gestación, a un nuevo intento.

 

Y esto, de la única manera posible: más allá de todo tiempo.

 

Martha Constanza García

12 de agosto de 2018

 

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Celebro

Hoy, ya no te tengo miedo:

Mala cara. Comentario malintencionado. Etiqueta. Diagnóstico.

Exclusión. Prejuicio. Crítica. Mirada de desaprobación.

Mal entendido. Ceja alzada. Rumor. Cara de fo.

 

Llámame si quieres:

Intensa. Rara. Reprimida. Exagerada.

Aburrida. Equivocada. Ilusa. Absorbente.

Sensible. Lenta. Impulsiva. Ignorante.

Obsesiva. Indecisa. Consentida.

Incumplida. Repetitiva. O demasiado lo que quieras.

 

Porque lo cierto es que estoy sabiendo cada vez más:

Respetarme. Perdonarme. Aceptarme. Tenerme paciencia.

Escucharme. Reírme de y conmigo misma.

Consolarme. Sobarme. Darme ánimos.

Tenerme compasión. Redirigirme. Permitirme.

Amarme. Impulsarme. Integrarme.

A estar bien conmigo misma y con lo que

en el momento presente hay.

 

Así que no, hoy ya no temo:

Mi propia crítica severa. Sentir de Inadecuación.

Necesidad de control. Duda. Sentir de desesperación.

Deseo de externa aceptación. Idea de equivocación.

Los abrazo y sé que tarde o temprano se despejan.

Escucho si hay un mensaje, y vuelvo a recuperar la visión.

 

Puedes llamarme también: Talentosa. Linda. Divertida.

Cuidadosa. Afortunada. Exitosa. Inteligente. Espiritual.

Consciente. Competente. Agradable. Paciente. Etecé.

Y ten por seguro que si de corazón you mean it,

con profundamendo agradecimiento lo recibo.

Pero hoy ya no hago, de gustarte, un cometido.

 

Así que no, querido espejo, ya no me sacas de mi centro.

Al menos ya no tan fácilmente ni por tanto tiempo.

Hemos pasado ese punto… ¡y hoy lo celebro!

 

Martha Constanza García

10 de junio de 2018

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Carta que me salió en el Círculo de Luna de Junio

El Segundo Acuerdo: No tomes nada personalmente.

“Todo el mundo puede rumorear sobre ti pero si no lo tomas personalmente,                serás inmune a ese veneno, así te encuentres en medio del infierno.”                                  De los Cuatro Acuerdos, por Don Miguel Ruiz

 

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Imagen de cabecera: Tasha Kamrowski – Pexels

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Confieso que tal vez…

Confieso que tal vez no confío en mi propia brújula. Esa, la de las entrañas. La que se siente en el cuerpo. La de mi lado femenino.

Que tal vez tengo miedo a dejarme llevar, a simplemente ser. A dejar de seguir los letreros que otros han puesto y que te dicen por dónde ir y cuál es el camino correcto que se debe tomar.

Que tal vez tengo miedo a tomar mi propia ruta, a andar un camino desconocido, aún no trazado, aunque todo mi ser me lo esté pidiendo, en parte quizá por el miedo a perder esquemas y referencias.

Confieso que tal vez le tengo miedo a mostrar los que considero excesos y que siento podrían en cualquier momento hacer erupción ý salirse de dentro de mí, esos mis too much, entregándome mejor a un compulsivo auto escrutinio, permanente auditoría, al cual hasta ahora he llamado autoconocimiento y así – en nombre de la consciencia- me he convencido de no soltar ni relajar.

Que tal vez me es más fácil desconectarme de los sentires que considero incómodos por inapropiados, y distraerme entregándome al análisis. Buscando razones, valga la redundancia, primordialmente razonables.

Confieso también que tal vez me boicoteo, me auto saboteo. Que inicio cosas a las que mi mente me lleva pero las cuales no van acompañadas del resto de mi ser, de mi coherencia. O que, iniciando con todas las ganas, poco a poco mi mente chiquita empieza con sus habituales peros, asfixiando lo que era el flow.

Que tal vez le tengo miedo al ridículo, a entregarme al momento y que el mar me tumbe o se me meta arena en el bikini. Que tal vez sea por eso que seguido prefiero ver el mar desde la orilla y si acaso meter la punta del pie, creyendo que lo he experimentado.

En fin, que tal vez lo único que en realidad sucede es que hoy puedo ver, sin vendas, que tengo en mí mucho, mucho miedo. Y que, de alguna manera -y con cierta confianza-, puedo ver que lo que estoy haciendo es justo perderle el miedo a tener miedo. Y eso, eso en sí es ya maravilloso.

Martha Constanza García

1 de junio de 2018

 

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Imagen: Tarot de Aleister Crowley

P.D. Iba a ponerme a buscar la imagen para acompañar este texto, como hago siempre, y pensé en la carta de La Fuerza, con la seguridad de que era la que debía estar aquí. Encontré está de Aleister Crowley y me resonó aún más. Paré de buscar. 😉

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Plena, en mis contrastes

Que no sé nada, lo sé. Y al mismo tiempo, nada más que lo que sé, se necesita para vivir este preciso momento.

Que si bien, me preparo con consciencia, el momento “futuro” en realidad se desplegará en total sabiduría. Sabiduría mayor a aquella que cualquier intelecto por sí solo puede llegar a vislumbrar.

Sólo sé que me entrego todita: mente, cuerpo, espíritu y corazón unidos en respetuosa, a la vez que cantarina, ofrenda.

Me reconozco canal del Espíritu, Consciencia, y me dedico entonces a limpiar percepciones. A disfrutar, honrar y a agradecer y no requiero saber más de lo que hoy aquí en mí hay/siento/soy.

Me sé espejo tuyo y no temo ya que creas ver en mí aquello que en realidad de ti reflejo.

A la vez, te agradezco también el permitirme verme en ti. A veces el zoom en mis sombras, a veces disfrutando de mi brillo.

Y es que hoy ya no temo que me acuses o señales con el dedo, siendo que otros tres te devuelven, discretos, el juicio que de mí emites.

Y aunque sí, lo confieso, una parte pequeñita de mi Yo Niña aún desea gustarte para que me recuerdes “bonito”, lo cierto es que con la vida he aprendido a aceptarme tal y como soy, totalmente plena en mis contrastes.

Martha Constanza García

9 de abril de 2018

 

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A quien hoy ha soltado mi mano

Ella, la que cada noche eleva la luna y coloca prolija, una a una, en el cielo las estrellas, ha bajado hoy hasta aquí para llevarte con ella.

Por tu nombre te ha llamado y te ha susurrado en el oído: “Hijito mío, tu misión aquí ya ha concluido. Vente tranquilo conmigo…”

Y mientras la ciudad en reposo se encontraba, tú que también te habías quedado profundamente dormido, iniciaste el camino de regreso, ese que recorreremos todos lo que en esta Tierra vivimos.

Te fuiste y no podré volver a estrecharte entre mis brazos, ni sentir tu olor ni lo suave de tu tacto. No volverá a sonar tu risa, ni compartiremos juntos más la charla y la mesa con familiares y amigos.

Así pues, ya que la vida así lo quiso, tampoco nos enredaremos ya en ninguna de esas nuestras discusiones sin sentido, ni te veré jamás de nuevo cabizbajo, ofuscado ni sombrío.

Son tantos, tantos, los NO y los NUNCA MÁS que se van apilando en mi quebranto, que casi olvido que la ESENCIA de quien fuiste, de lo que eres, conmigo para siempre la he tenido. Porque tú, sabiéndolo o no, me la obsequiaste: en cada palabra, gesto, acto y suspiro.

Porque eso, las palabras, gestos, actos y suspiros que compartimos, no son más ni menos que los símbolos de nuestro encuentro álmico, el cual, más allá de todo lo aparente, ha sucedido.

Y aún consciente de eso, correrán y correrán mis lágrimas por esta parte de mí que hoy no logra nada más que sentir que para siempre te ha perdido.

Y si bien esas lágrimas empañarán por un tiempo mi visión y mi confianza en la justicia y el destino, al mismo tiempo, al deslizarse por mis mejillas tal cual ríos, limpiarán mi corazón un poco de tanta pena y habrán regado las semillas que antes de este adiós, temporal e indefinido, en mi ser y para siempre tú habías esparcido.

Así que tarde o temprano, en cada uno de los que te quisimos irán brotando nuevos frutos: ideas, inspiraciones, acciones o sentires, que evocarán por siempre, más fuertes o más sutiles, tus pasos, tu labor y tu cometido.

 “Señora, tú que cada noche elevas la luna y colocas prolija, una a una, en el cielo las estrellas, concédenos a los que por ahora aquí en la Tierra hemos quedado: consuelo, fortaleza y esperanza. Y a aquél amado nuestro, quien hoy ha soltado mi mano y a quien entre las tuyas has tomado, entrégale mi eterna gratitud, por de tal manera mi vida haber tocado.”

Martha Constanza García

1 de marzo de 2018

 

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