Publicado en Escritura Creativa

¿Qué hace el escritor?

¿Qué hace el escritor cuando descubre que jamás palabras alcanzarán a transmitir aquello que siente y piensa, pues nada -ni una palabra ni mil imágenes- puede contener el agitado caudal que dentro de sí experimenta?

¿Qué hace el escritor cuando se da cuenta de que por más que escriba sobre su dolor, el alivio que siente al hacerlo es casi ilusorio, y que dicho dolor volverá una y otra vez, acrecentado, haciendo retumbar los tambores de la incomodidad cada vez con mayor brío?

¿Qué hace el escritor cuando, volviendo a leerse, lo que ayer tenía sentido hoy no son más que palabras en hilera, engarzadas unas detrás de otras sin ritmo ni sentido?

¿Qué hace el escritor cuando se cansa de perseguir e intentar atrapar sentires e ideas, mientras éstos revolotean esquivos por dentro su ser?

¿Qué palabras elige el escritor cuando lo que quiere comunicar es al mismo tiempo el aullido de un lobo, el llanto de un niño, el estallido de una estrella y la calma de una pradera?

¿Qué sentido puede tener ser escritor cuando quien escribe ya no sabe quién es, para qué está aquí ni por qué habría de escribir?

¿A quién le dedica su obra el escritor cuando todo aquél que ha conocido se ha mostrado tan irreal, lejano e incomprensible ante él como un cuento chino?

En estos casos, ¿qué hace el escritor?

¿Dejar la página en blanco?

¿Cerrar el cuaderno?

¿Dejar de escribir?

No.

El escritor se arranca, de ser necesario, las palabras de la piel y del corazón para que éstas hagan allí erupción, y no le importa si se consumen tras un segundo o si arden por siempre, ante los ojos de un lector.

El escritor escribe porque aunque a veces esto duela, duele aún más no hacerlo. Dejar de escribir sería para él, como cortarse una mano por no poder tocar el cielo.

Martha Constanza García

20 de enero de 2018

 

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El umbral

Rincón húmedo, suavecito y olvidado.

Flor de pétalos carnosos.

Exótico manjar.

 

Portal sagrado de lo insondable femenino.

Puerta de acceso a los secretos más profundos.

Entrada al paraíso de aquellos placeres censurados.

 

Niña mía, hasta ahora condenada al no sentir

Para no despertar a las más traviesas ninfas

Con tus mensajes de alquimia e iniciación.

 

Hermosa parte de mi ser, hoy te veo y te acaricio.

Y asumo el destierro que por miedo te había impuesto.

Culpándote también a ti de dolores y rechazos ancestrales.

 

Magnífica apertura al hogar de la Mujer Salvaje.

Delicada, sutil y poderosa guardiana.

Hoy me atrevo a entrar y explorar la sagrada guarida.

 

Y sin saber muy bien cómo, siento nacer en mí la intención

De restablecerte como poderosa y sabia guía

De la vida de esta mujer que en mí despierta.

 

Y que la Diosa nos acoja.

 

Martha Constanza García

2017

 

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No te pido que me hables de ti

No te pido que me hables de ti.

No necesito conocerte mejor.

Sólo quiero que me beses, me toques y me hagas el amor.

 

Tu historia no quiero conocer.

No quiero saber nada que te aleje hoy de mí.

Ni tus ideas, tu religión ni tu equipo de fútbol.

 

Cuerpo con cuerpo. Íntimos, ambos deseosos.

Exploradores, traviesos, ingeniosos.

Mutuamente complacientes.

 

Y si resulta que yo lo quiero y tú también.

Entonces no el día de mañana, pero sí otro,

De nuevo a estas sensaciones nos entregamos.

 

Sin ataduras ni expectativas. Sin juicios ni mentiras.

Presentes, conscientes, generosos.

Adultos libremente disfrutando.

 

Martha Constanza García

2017

 

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Publicado en Escritura Creativa, Reflexiones del Corazón

Si me preguntan para qué escribo

 

Siguen los disparadores y sigue la pluma dando. Gracias Inspiramundo por las propuestas para disparar nuestra escritura. ❤

 

Si me preguntan para qué escribo, diría que es para cumplir lo inevitable. Escribo porque no me queda de otra.

Escribo para sacarme todo esto que llevo dentro. A veces es luz, a veces es sombra. Mis palabras son como un riachuelo o como una roca.

Escribo por impulso. Para saciarme estas ansias de sentir la adrenalina que se mueve en mi al plasmar en palabras mi sentir y mi pensar.

Escribo para tener paz. Para encauzar esta voz saltarina, a veces escurridiza que quiere salir a jugar y deslizarse en tus oídos, porque cuando la lees, en realidad, la escuchas.

Si me preguntan para qué escribo, contestaría que lo hago para saldar cuentas. En algún momento me endeudé llenándome de pensares, sentires y soñares y con cada palabra que plasmo le pago a la vida con consciencia y congruencia.

Escribo porque hacerlo es mi invitación personal a la impecabilidad. Es el imán que me conduce a encontrarme con mi propia verdad. Mis líneas y mis versos son el espejo en que mi alma se refleja.

Escribo porque hacerlo es preñar el mundo con mis ideas regalarle al mismo pedacitos de mi alma. Es vaciarme, elevarme y alimentarme.

Escribo para no tener que resistirme a la llamada de la vida. Escribo para cumplirle, cual fiel sierva, pues en mi depositó este don, acompañado de una instrucción: “Bajarás a la Tierra y compartirás tu mundo interior. De todas las formas de manifestación he elegido para ti la de la palabra escrita. Ve y escribe. No importa qué, cuándo ni cómo”.

O bueno, quizá sólo escribo por el placer que me da. Porque al hacerlo siento que me acaricio.

Es una deliciosa adicción. ¿Quieres probar?

¡Ven que te invito!

 

Martha Constanza García

15 de septiembre de 2017

 

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Publicado en Consciencia y Maternidad, Escritura Creativa

Impecabilidad

Hago lo que hago, como lo hago, porque mi trabajo interno personal es también mi contribución al bienestar social.

Porque mi elección de dedicarme lo más posible y conveniente a la crianza de mi hija, aunque para muchos no sea una visible aportación, es una de las expresiones de mi convicción de que todos somos Uno.

Porque la sociedad sólo se transforma cuando desde la raíz lo hacen quienes la integran. Porque como es adentro, es afuera.

Porque mis decisiones conscientes mantienen limpio el lugar que ocupo y para el mayor bien abren camino. No importa si son populares o no.

Por eso es que en realidad no importa si otros no lo entienden ni lo aplauden. Yo con nadie estoy en deuda.

Cada uno que actúe como su mente-corazón le dicte. Mis elecciones y mi estilo no son una crítica ni un reproche a aquél que difiere de mi camino.

Que como dijo Voltaire “podré no estar de acuerdo con tus ideas pero defenderé hasta con mi vida tu derecho a expresarlas”. Aunque bueno, eso de tirar la piedra y esconder la mano ¡está muy jodido!

Así que ¡ojo!, impecabilidad ante todo, puesto que usted bien sabe que hasta la caída del pétalo de una rosa afecta a galaxias enteras. Atención total en cada paso, en cada cosa*.

 

Martha Constanza García

14 de septiembre

 

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*En negritas, la frase con la que se nos invitó a finalizar un escrito, siguiendo con los textos que surgieron a raiz de un ejercicio de escritura (como los dos anteriores).

 

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Desnudo en tu silencio

Tras el post anterior, sigue la mata dando y aprovechando los disparadores sugeridos, aparece el siguiente texto, de la mano de la frase de Alejandro Jodorowski: “Perdóname por oir lo que no dices en lo que dices”.

 

Desnudo en tu silencio

Perdóname por oír lo que no dices en lo que dices. Es una mala costumbre.

Y aunque no niego que a veces caigo en la trampa e interpreto tus gestos, silencios, tonos y maneras según mis propios prejuicios e ideas, lo cierto es que yo nací con el chip ese de escuchadora y observadora de lo profundo.

Es que soy una vidente. Pero más que saber en qué andan esos que ya se han ido, me da por leer las almas de aquellos que tengo enfrente.

Y me amas, porque sabes que yo te escucho y te entiendo. Y me odias, porque por eso mismo, soy como una piedrita en tu zapato que te incomoda hasta los nervios.

Te soy molesta o te complazco porque yo, al escucharte en aquello que no cuentas, también te enfrento con aquello que no admites.

Y depende de ti qué haces con ello. Si te gusta o no lo que yo como espejo te reflejo, eso, mi querido, eso es tu cuento.

Y por la libertad que a ambos se nos ha concedido, puedes tú decidir que no te gusto o puedo yo, sin perjuicio, retirarme y a otros seres más afines con lo que en mi interior contengo, ir a servirles de espejo.

Puedes irte y olvidarme si lo deseas. Aunque los dos sabemos que nada cambiará el hecho de que te ví y te oí, desnudo en tu silencio.

Martha Constanza García

14 de septiembre de 2017

 

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Estas mis palabras

 

 Estas palabras no son mías.

 Esto que escribo me lo prestaron.

 Palabras que no son de nadie.

 Palabras que son del tiempo.

 Llegaron a mí de visita,

 No me quisieron soltar.

 Me pidieron que las escriba,

 abriéndome como un canal.

 El viento me contó un cuento.

 La tierra me cantó una nana.

 La lluvia me bañó con letras.

 Y el fuego me las tatuó por dentro.

 Hoy te las vengo a dejar

 porque ya más no puedo callar.

 Si no te gustan, lo siento.

¡Pero al mensajero no puedes culpar!

 Martha Constanza García

 4 de abril de 2017

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Te tengo donde te quiero

El color profundo de tus ojos,
cual remanso de paz en la montaña,
me invita a encontrarme y desnudarme.
A tocarme y hasta el éxtasis llegar.

Esa luz que desprende tu mirada,
tan nítida y potente en la penumbra,
me cala, me llega, me atraviesa.
Y me vengo, gimo, lloro y demás.

Entre caricias y lo mojado de las sábanas,
comunión mayor no puede haber.
Te tengo hombre mío donde te quiero.
Y así, aquí me entrego a ti
en este carnal acto de fé.

Martha Constanza Garcìa

7 de febrero de 2017

 

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El ritmo de la Tierra

Advertencia.- Este relato se lee mejor si de fondo escuchas “El témpano” de Juan Carlos Baglietto (puedes usar este link: https://youtu.be/-E6rxJ6TbBw), pues bajo su ritmo y sus acordes nació este texto. Además también se me ha colado alguna línea de esa canción y de “Tan lejos”, de No te va a gustar (https://youtu.be/WK-P-XRfhdU) bajo cuyos acordes se concluyó lo abajo escrito. Espero de verdad que disfrutes tanto como yo de estos temas, sugeridos por dos queridas compañeras de Escribiendo Caminos dentro del marco del curso Escribir en Tribu y, bueno, también de las líneas que aquí siguen. La ironìa es que, con todo, el relato, al final, no tuvo nada que ver con las canciones…

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Mis ojos se alzaron por encima de la cornisa. Al otro lado, el rumor se acercaba, crecía, se imponía. La gente, agitada, bailaba y cantaba mientras el sol brillaba en lo más alto de la bóveda celeste. La aparente quietud de las noches anteriores había camuflado un impulso sordo, un latir sigiloso… La vida y la alegría se abrirían paso al amanecer de este nuevo día.
No quise quedarme sentada y decidí unirme a las mujeres, quienes iban descalzas en el verde, luciendo coronas de rosas, posadas sobre sus negras cabelleras. Los niños, corriendo jubilosos, estaban vestidos todos ellos de un blanco azulado que contrastaba con lo oscuro de su hermosa y lozana tez. Los mayores, en camisa de manga corta de manta, a cuadros o lisas, de colores vibrantes y con el sombrero al aire.
Las abuelas, con esas caras sabiendo que todo va a estar bien, poseían los rostros más alegres que jamás he visto, iban cantando y gritando con todas las ganas. Meciendo las caderas con ese vaivén, estilo y nosequé, que sólo las mujeres de la costa ejecutan con maestría. Como si, en ese mecer de sus cuerpos, acunaran en su vientre al universo entero, queriendo mantenerlo vivo y despierto al son de la batucada.
Festival de primavera o Fiesta de la cosecha. Como sea, Gaia hoy está de fiesta pues en su corazón nacen tanto el Norte como el Sur.
Martha Constanza García
17 de marzo de 2017
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Mi obscuro aliado

Ejercicio Decilo sin decirlo, del curso Escribir en Tribu:

Pozo humeante.

Caldero mágico.

Brevaje de dioses.

Obscuro aliado del estudiante, del escritor, del que por deber o por placer trasnocha.

Tu aroma inundaba la casa cada mañana. Al despertar, incluso antes de abrir los ojos, me contaba mi nariz que mi madre ya estaba en pie y esperando, o casi lista, a que los tres bajaramos para iniciar labores.

Durante los años estudiantiles me acompañabas también en el living para mantenerme despierta durante largas jornadas, a tardes horas, frente a libros y apuntes. Confieso que algunas veces fue tanto el consumo y tan poco el dormir, que mi pasar por el colegio al día siguiente semejaba al de una zombie nerviosa y frágil -pero casi siempre con buenas notas-.

También en esos años, infinidad de veces estuvimos a tu alrededor, reunidas las amigas compartiendo penas y alegrías y confesando secretos. De preferencia en algún lugar de moda, de ser posible donde dieran “refill” -sacrificando un poco el sabor, pero atendiendo las posibilidades de nuestros magros bolsillos de estudiantes-.

Y casi olvido esa corta pero tan buena temporda al servicio del micrófono. Con un horario, tan yo, tan mío, de 10 pm a 2 am. ¡Literalmente sintonizando con mi hora de poder! Sólo tú me permitiste cumplir con la locura de la jornada siguiente: empleada matutino, universitaria por la tarde y locutora por la noche. ¡Qué tiempos aquellos! Los  recordaré siempre con vívida ilusión.

Después me mudé a tierras lejanas donde acostumbran más bien otra bebida -más saludable y menos adictiva, según dicen- a la que poco a poco me fui asimilando. Sólo muy de vez en cuando busqué tu compañía, en una versión tuya más bien cremosa y espumosa.

Y fue hasta que me ví puérpera que necesité volver a ti corriendo, implorándote compartieras conmigo de nuevo tus dones simplemente para poder yo cada día sobrevivir, funcionar en una de las etapas más hermosas y extenuantes de mi vida.

Así que tú como nadie conoces mis facetas, mis momentos, mis aristas. Fiel testigo de mis anhelos, mis cansancios, mis secretos. Simpre estando ahí, disponible, cálido –o helado-, pero siempre poderoso compañero de aventuras, de batallas, de ensueños.

Mañanas en familia y en piyamas.

Desvelos forzosos y recurrentes.

Confesiones, lágrimas y risas.

Método de sobrevivencia.

¡Eres grande, moreno!

Martha Constanza García

15 de marzo de 2017

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