Publicado en Escritura Creativa, Reflexiones del Corazón

Al son de mi corazón

Puede ser que me haya tomado mi tiempo encontrar una tribu donde sentirme cómoda, siendo simplemente, totalmente, yo. O más bien, me tomó tiempo reconocerla, reconocerme en ella.

He tenido que andar perdida un tiempo para poder hallar el camino que en realidad mi corazón anhela, crearlo con confianza y certeza, escuchándome toda, todita. Y reconocer en mi corazón y vibra, junto a quiénes deseo, hoy, transitarlo.

Además, la verdad es que el ejercicio se ha repetido más de una vez. Porque cambio. Porque cambias. Porque cambiamos.

Tuve que deslindarme del camino por otros o por mí misma antes para mí trazado. Tuve que iniciar rutas que después interrumpiría. Tuve que caminar al lado de las personas que “no eran” –aunque mi cabeza quisiese convencerme de otra cosa-, para darme cuenta que sólo mis propios pasos son los que he de seguir.

Estos pasos unas veces me acercan y otras me alejan de los caminos de los otros, y estoy aprendiendo a no ver estas separaciones como tragedias, sino a presenciar, permitir y honrar mis ires y venires, tanto como los de los demás, aunque sí, a veces duelan. Aceptándolos como si simplemente estuviera escuchando la cadencia de un rico son.

Este camino del que te hablo es como si fuese una melodía compuesta de variados acordes y compases. Es la melodía de mi vida fluyendo instante a instante: crescendo, adagio, allegro…

Y es que en realidad cada uno de nosotros es una pieza musical compleja. No tanto compleja, sino rica en ritmos, tonos y estilos. Cada vida, cada vivir, es una sinfonía y cada uno el compositor, dirigente, músico o solista.

Somos hoy la pausa entre dos notas, y mañana un sonido grave o prístino. Somos tanto el arco, como la madera, el mango, la cuerda y el diapasón del violín. Somos el propio violín y sus notas. Somos el brazo que lo sostiene y el que lo ejecuta.

Es apasionante saberme a veces arrullo, a veces estruendo. Zumbo, repico, retemblo, chillo y soy potpurrí.

Y tú… ¿eres hoy reggae, góspel, disco, blues, rock o qué?

¿Qué te pide hoy tu corazón?

 

Martha Constanza García

23 de abril de 2018

 

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— Y bueno, antes de despedirme quiero compartir por aquí esto que me encontré:

 

 

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Hermosa

Ella era hermosa. De las más bellas que nunca se han visto. La más radiante que me pude desear. Poderosa, llamativa y frondosa.

Aún así, muchas veces deseé que fuera distinta. Más esto o lo otro. Seguido la di por sentado, por segura. Pensaba que no la perdería jamás. Quizá cambiara un poco, sí, pero seguro sería fácil hallar la manera de conservarla conmigo.

Más bien pocas fueron las veces que agradecí, de verdad, tenerla conmigo. Aunque sí algunas otras, me sentí especial, agraciada y poderosa con ella. Por ella.

Pero la vida tenía un plan secreto, inesperado para nosotras.

De manera sutil y misteriosa, ella empezó a cambiar. Dejó de brillar. Fue perdiendo su encanto y candidez. Todo en ella se oscureció y comenzaba a ausentarse.

Años me llevó darme cuenta que ya nunca seríamos las que éramos y de que mi vida estaría de cabeza…

La he llorado. Me he desesperado por encontrar el remedio o sortulegio que me ayude, y a pesar de mis esfuerzos, lo único que sucede es que igual sigo perdiéndola.

Así es, el diagnóstico del futuro que nos aguarda sigue siendo misterioso. O quizá sólo soy yo, que me niego a aceptar que lo más probable es que, más temprano que tarde, nuestros días juntas sean ya sólo pasado. Recuerdo de fotografías.

Y en medio de este duelo lento, progresivo, en medio de la incomodidad, la tristeza y la contrariedad, ahí también nace fuerte la certeza de que sea como sea, aún sin ella, voy a estar bien. Porque soy mucho más que quien, especialmente en los días de sol, la presumía.

Y mientras ella poco a poco de mí se aparta, yo le agradezco me haya hace años elegido y por tanto tiempo acompañado. Recordándonos me siento bendecida, privilegiada y conmovida.

–Tu lento adiós me invita a transformarme. Las nuevas circunstancias me retan a ser una versión mejorada de mí misma. La vida sigue su curso y yo, ya sea contigo o sin ti, sin ti, sin miedo brillaré.–

The show must go on…

y lo acompañamos con algo de música

Martha Constanza García

18 de marzo de 2017

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Publicado en Escritura Creativa

La Maga

Puntualmente se ha roto el hechizo y de nuevo a las palabras de Dicha se les ha permitido la salida de las mazmorras. Apresuradas, sin alguna demora, corren al encuentro de su Señora.

A ella se le ve aparecer por rumbo oriente, cabalgando sobre un corcel imponente, lleno de brío. Va radiante, vestida con una túnica que la Esperanza, justo a su medida, ha para ella tejido.

Así, por la colina baja majestuosa la Mente, quien ya sin temor se expresa. Se sabe a salvo pues, tras el martirio incautamente auto infligido, hoy, lúcida y decidida, se ha quitado la capucha y ha renunciado a seguir siendo su propio verdugo.

Y entonces sin más demora recorre las praderas y los campos de trigo, con los pies desnudos sobre la yerba y con los brazos abiertos, queriéndolo sentir todo, absolutamente todo, en cada uno de sus poros.

Lleva con ella un morral donde antes cargaba preocupaciones, culpas y penas pero donde hoy sólo recoge singulares tesoros: curiosas ramitas, coloridas conchas y algunas abuelas piedras.

Despreocupada y entusiasta se acerca a la vera del río, asienta el morral, en la corriente se adentra y chapotea, cual niña pequeña, entre las sabias tortugas y los pacíficos pececitos.

De vez en cuando reposa la inquieta traviesa, dejando a sus hermanas las nubes soplarle al oído historias de lejanas vidas y tierras. Historias que, cual Sherezada, comparte con aquél que quiera escucharlas, sin remilgos.

Esa es ella el día de hoy. La de los bellos rizos despeinados por el viento, los labios color de fresa y la sonrisa coronada de blancas y brillantes perlas.

Martha Constanza García

28 de febrero de 2018

 

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Basta por ahora de melancolía

Ya vuelve. Con todo. A pesar de todo.

Se siente como la calma antes de la tormenta.

Como la gestación de un imprevisible huracán

cuya dirección e impacto aún nadie conoce.

 

Poco a poco se concentran las corrientes.

Agitan lo que se hallaba en pasmo.

Aún no se ve ni se siente en la piel.

Sólo lo vibra un corazón en verdad conectado.

 

Aglomerándose, está la vigorosa energía.

El vendaval, ya pronto se aproxima.

Este es el momento para que las ráfagas de viento

levanten todo lo que no esté bien arraigado.

 

Le rugen las entrañas y profundas explosiones se producen en su ser.

Experimentando en sí incertidumbre, emoción, miedo, excitación.

Está volviéndose a activar, cual volcán por meses dormido.

Fuera, en la superficie, aún ni se vislumbra la magnitud de lo que viene.

 

Borboteando vida, ahí donde hubiera estancamiento o sequía.

Algo se abre paso y la Pachamama lo sabe.

Lo permite sin enjuiciar. Lo que ha de ser, será.

 

Porque esta fuerza, erupción, viento, marea,

no está para ser sofocada antes de nacer.

Ha venido a limpiar y a transformar.

Para abrir caminos ahí donde no los hay.

 

Indómita. Potente. Traviesa. Rebelde.

Ni con calma ni con prisas, se viene la primavera.

Gaia de nuevo se está desperezando, y yo con ella.

 

Ostara, Diana, Flora, Artemisa.

Energía creativa, vital y creadora.

Basta por ahora de melancolía.

Quede hoy la oscuridad para el útero o el sepulcro.

 

Martha Constanza García

20 de febrero de 2018

 

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Publicado en Escritura Creativa, Escritura Terapéutica

Así como suena

No es No. Así como suena. Una palabra de dos letras.

No quiero que te dediques a señalar lo que te parecen son mis ‘faltas’.

No quiero que corrijas la dirección de mis pasos ni el tono de mi voz. Vamos, ni siquiera la curvatura de mi espalda.

No quiero que expliques lo que según tú debí decir. Lo que dije, quise decirlo así como lo dije.

No quiero que me digas que no le debo dar importancia a algo, o que justamente debí haber tenido mucho más cuidado…

No necesito ni quiero que pienses por mí.

No necesito ni quiero que temas por mí.

No necesito ni quiero que dudes de mí.

No llames ‘amor por mí’, a intentar proteger tus heridas de mi voz y mi verdad.

Hazte cargo mejor de tus dolores, tus miedos, tus abandonos y tu quizá no sentirte completo.

Sé que es más fácil proyectarnos en los demás y reaccionar ante ellos. Pero no, esa no es más que la manera de hacer crecer la separación.

 

 

*Gracias a Natalia Sarro de Inspiramundo por brindar la oportunidd de que saliera todo esto, al plantear la dinámica de compartir un NO, claro e inequívoco en su grupo de Facebook “Eso que no decimos: Coaches y Psicólogas que escriben”. Gracias a todas ellas quienes compartieron un necesario y liberador NO.

 

Martha Constanza García

12 de febrero de 2018

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Publicado en Escritura Creativa

Risueña

Risueña, me dices. Y me encanta.

Pero no es que sea sólo yo, es el ambiente, el cual simplemente yo reflejo.

Risueña, cuando puedo ser y estoy siendo yo misma.

Risueña, cuando estoy presente y disfruto del momento.

Risueña, cuando no siento censura moralista alrededor.

Risueña, cuando el cariño fluye y descomplicado, espontáneo, se deja sentir.

Risueña, cuando no tengo ni sostengo expectativas.

Risueña, cuando estoy alineada con quien quiero ser.

Risueña, cuando me siento ‘entre los míos’.

Risueña, en aquellos momentos en que los astros se alinean.

Risueña, cuando me siento plena.

Atesoro estos momentos y dejo que mi corazón y mi ser de bienestar y alegría se impregnen.

Y es que además, algo me dice que yo no soy de esas que enojadas se ven más bonitas…

Risueña, me dices. Y me encanta.

 

Martha Constanza García

5 de febrero de 2018

Posteado hasta hoy, por vacaciones. 😉

 

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Publicado en Escritura Creativa

¿Qué hace el escritor?

¿Qué hace el escritor cuando descubre que jamás palabras alcanzarán a transmitir aquello que siente y piensa, pues nada -ni una palabra ni mil imágenes- puede contener el agitado caudal que dentro de sí experimenta?

¿Qué hace el escritor cuando se da cuenta de que por más que escriba sobre su dolor, el alivio que siente al hacerlo es casi ilusorio, y que dicho dolor volverá una y otra vez, acrecentado, haciendo retumbar los tambores de la incomodidad cada vez con mayor brío?

¿Qué hace el escritor cuando, volviendo a leerse, lo que ayer tenía sentido hoy no son más que palabras en hilera, engarzadas unas detrás de otras sin ritmo ni sentido?

¿Qué hace el escritor cuando se cansa de perseguir e intentar atrapar sentires e ideas, mientras éstos revolotean esquivos por dentro su ser?

¿Qué palabras elige el escritor cuando lo que quiere comunicar es al mismo tiempo el aullido de un lobo, el llanto de un niño, el estallido de una estrella y la calma de una pradera?

¿Qué sentido puede tener ser escritor cuando quien escribe ya no sabe quién es, para qué está aquí ni por qué habría de escribir?

¿A quién le dedica su obra el escritor cuando todo aquél que ha conocido se ha mostrado tan irreal, lejano e incomprensible ante él como un cuento chino?

En estos casos, ¿qué hace el escritor?

¿Dejar la página en blanco?

¿Cerrar el cuaderno?

¿Dejar de escribir?

No.

El escritor se arranca, de ser necesario, las palabras de la piel y del corazón para que éstas hagan allí erupción, y no le importa si se consumen tras un segundo o si arden por siempre, ante los ojos de un lector.

El escritor escribe porque aunque a veces esto duela, duele aún más no hacerlo. Dejar de escribir sería para él, como cortarse una mano por no poder tocar el cielo.

Martha Constanza García

20 de enero de 2018

 

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