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Abrazar a la madre que hoy soy

¡Cómo quisiera poder brindarte las mejores oportunidades en todo!

En aquello que te gusta o en lo que eres “buena”, para que sigas disfrutando y desarrollando todos tus talentos óptimamente. Y en aquello que parece son o serán tus retos, para que aprendas a desenvolverte en esas áreas de una manera valiente y funcional.

Y que así reconozcas cómo es estar en tu flow y que conozcas bien y disfrutes de tu propio brillo, sin temerle. Que sepas que está muy bien ser muy buena en algo, reconocerlo y disfrutarlo, por lo bien que se siento por dentro estar alineada con una misma. Que puedas aceptar el reconocimiento externo cuando lo haya, pero sin llegar a necesitarlo o sufrir cuando no te lo sepan o puedan dar.

Pero también esperando que crezcas desarrollándote resiliente. Sabiendo que nadie es bueno en todo. Porque muchas veces lo importante no es el resultado, sino el tener el valor de enfrentar situaciones menos cómodas, ya que así es como desarrollamos fortaleza y otras habilidades.

Así que,  ya siendo que te encuentres en el podio o entre la masa, sepas que eres única y valiosa, que existe un propósito superior para el cual estás perfectamente configurada, así con tus más y tus menos. Porque ya eres quien se requiere que seas para desarrollar y materializar eso que has venido a aprender, integrar o aportar en esta vida.

Y entonces hija mía… vuelvo la mirada hacia mí. Hacia mi tendencia por a veces enfocarme más en lo que me falta desarrollar que en lo que sí soy y doy. Y me detengo un momento a sentir lo que en mí ocurre mientras escribo esto.

Mientras estoy deseando que te sientas bien en tu propia piel, satisfecha de tus propias maneras y orgullosa de tu propia voz. Y mientras también deseo que no te llenes de demasiado exigentes debería, estoy aquí, consciente de los míos propios. De las creencias que tengo sobre lo que es ser “una buena madre” y de la distancia que entre esa madre ideal y yo existe.

Pero mi niña, con lo bien intencionados que son mis deseos, no existe mejor camino para mí que aprender a vivir con mis carencias, tendencias, ritmos y talentos. Permitirme confrontar la incomodidad para que eso no me detenga, al mismo tiempo que ser compasiva y paciente conmigo misma ante mis propias exigencias y perfeccionismo.

En fin, que mi rezo se convierta en empezar a valorarme y aceptarme por lo que soy, como soy. Sin tanto juicio. Y simplemente abrazar a la mujer y la madre que hoy soy.

 

Martha Constanza García

18 de octubre de 2017

 

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Que la maternidad te transforme

 

Que la maternidad te transforme.

 

Que no le temas a tu sombra pues ese territorio constantemente habrás de habitar.

Si con valor te permites transitarla, frutos jamás imaginados recogerás.

 

Que críes y acompañes con consciencia, haciendo las expectativas ajenas a un lado y entregándote lo más que puedas a su y tu bienser.

Lo demás, por añadidura se dará.

 

Las culpas son naturales y quizá son parte inseparable del camino.

Pero no dejes que te cieguen, amarguen ni torturen.

Estás haciéndolo lo mejor que puedes.

 

Si necesitas apoyo, búscalo. Se vale. Se recontra vale.

Búscalo en otras mujeres, en familiares, amigos o en profesionales que resuenen contigo.

 

Te deseo que logres sentirte cobijada y comprendida, si bien no por todos, sí por alguien.

Ya sea que te ofrezcan ayuda, ánimos o escucha de lejos o de cerca, permítete recibir.

Para estar bien, para resistir, para agradecer y para mantenerte despierta.

 

Porque la maternidad, si tienes los ojos y el corazón #abiertos, te transforma.

 

¡Ánimo! ¡Tú puedes con esto y mucho más!

 

Martha Constanza García

 

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Impecabilidad

Hago lo que hago, como lo hago, porque mi trabajo interno personal es también mi contribución al bienestar social.

Porque mi elección de dedicarme lo más posible y conveniente a la crianza de mi hija, aunque para muchos no sea una visible aportación, es una de las expresiones de mi convicción de que todos somos Uno.

Porque la sociedad sólo se transforma cuando desde la raíz lo hacen quienes la integran. Porque como es adentro, es afuera.

Porque mis decisiones conscientes mantienen limpio el lugar que ocupo y para el mayor bien abren camino. No importa si son populares o no.

Por eso es que en realidad no importa si otros no lo entienden ni lo aplauden. Yo con nadie estoy en deuda.

Cada uno que actúe como su mente-corazón le dicte. Mis elecciones y mi estilo no son una crítica ni un reproche a aquél que difiere de mi camino.

Que como dijo Voltaire “podré no estar de acuerdo con tus ideas pero defenderé hasta con mi vida tu derecho a expresarlas”. Aunque bueno, eso de tirar la piedra y esconder la mano ¡está muy jodido!

Así que ¡ojo!, impecabilidad ante todo, puesto que usted bien sabe que hasta la caída del pétalo de una rosa afecta a galaxias enteras. Atención total en cada paso, en cada cosa*.

 

Martha Constanza García

14 de septiembre

 

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*En negritas, la frase con la que se nos invitó a finalizar un escrito, siguiendo con los textos que surgieron a raiz de un ejercicio de escritura (como los dos anteriores).

 

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Mamis al borde de un ataque de culpitis

Desde muy pequeña siempre he visto con gran claridad los efectos que tenían en los niños de mi entorno las actitudes y sentires de sus padres.

Me refiero a conductas visibles, como la manera en que le hablaban a los niños o cómo hablaban de ellos delante de otras personas, es decir, cómo se portaban con/enfrente de ellos, PERO también me refiero a situaciones un poco más sutiles: las emociones que sentimos, o algunos  autosabotajes o manipulaciones en las que a veces caemos.

Y bueno, me voy a dirigir a nosotras las mamás, porque así hablo de mi propia experiencia. Esto es por supuesto sin negarle a los papis su responsabilidad y la importancia de su rol. La verdad es que estas reflexiones también son interesantes para ellos, porque ambos, hombres y mujeres, tenemos mucho que sanar, limpiar o resolver si queremos vivir con mayor conciencia y plenitud y si queremos hacerlo por nuestros hijos.

Tras este paréntesis, continúo: Lo dicho y lo no dicho influyen en esas cabecitas que son esponjas sumamente perceptivas y que todo lo absorben. Los pequeñines nos observan a veces con gran detenimiento, nos escuchan justo cuando creemos que no se dan cuenta y además, nos sienten y conocen de una manera en la que ni nosotras mismas lo hacemos.

Estoy segura que todas podemos recordar veces en las que un hijo o hija -o un hermano menor- intervenía en una plática cuando creíamos que estaba distraído jugando o viendo la tele. También creo que todas podemos recordar, haciendo un poco más de memoria, algunas veces en que nos dábamos cuenta de lo que les pasaba a nuestro papá o mamá aunque ellos no lo dijeran o incluso aunque lo negaran. Y es que hay cosas que un niño simplemente sabe o siente, aunque no lo entienda muy bien.

¿Y qué tal esa edad en que los niños están bien pequeñitos y repiten como loritos los dichos y gestos de quienes les rodeamos? -Como mi hija de 2 años ½. ¡Me sorprende tanto oírme a mí misma en la boquita de esa pequeña, o escucharla usando las palabras y acento de su papá o hasta de su maestra del jardín!-

Actualmente las neurociencias aportan muchos datos sobre esto de la receptividad de los niños. Incluso existen estudios sobre el desarrollo del feto gracias a los que hoy sabemos, por ejemplo, que el bebé ya desde el útero empieza a oír, ¡cosa que si alguien hasta hace unos años lo hubiera dicho, hubiera sido tomado como un loco!

Gracias al desarrollo científico ahora es posible entender que el feto se encuentra dentro del organismo de su mamá sumergido en su realidad emocional y física, compartiéndola con ella a través de las substancias bioquímicas que el cuerpo de la madre produce como reacción a lo que le sucede o lo que piensa. Éstas y muchas, muchas otras cosas son explicadas por ciencias como la bioquímica, la epigenética, etc.

Así que hasta aquí ya revisamos dos influencias de la mamá en la salud y el comportamiento del niño o niña: el embarazo y la edad en la que ya se percatan de lo que sucede a su alrededor. Pero además está esa etapa tan crucial entre el nacimiento y la primera infancia: imaginemos estos pequeños seres, los bebés y niños más pequeños, cuyos sentidos de percepción funcionan muchísimo antes de que su habilidad de razonar de desarrolle.

De adultos nos creemos muy listos y libres, tomando nuestras decisiones y emitiendo juicios, pero la verdad quién sabe qué tanto de toda nuestra forma de ver el mundo se formó justo en esos nuestros primeros años. Esos en los que nos pasaban cosas cuando aún no teníamos la habilidad de entender ni gestionar lo que sentíamos. Es más, de esos primero años ¡ni siquiera nos acordamos! Por eso es que cuando dicen que hay muchas cosas que guardamos en el subconsciente, se refieren a las vivencias que tuvimos durante esa etapa, de las que no tenemos registro consciente más que lo que los adultos a nuestro alrededor nos cuentan, lo que sí nombraron.

Bueno, tal vez con este mini repaso nos sea posible estar más o menos de acuerdo en que como mamás y en medio de la rutina del día a día, estamos contribuyendo directamente a construir la visión y personalidad de nuestros hijos y por lo tanto, de la humanidad  -¡Wow! Sí, perdón si me puse trascendental, pero es que en realidad lo veo así. ¡Creo que las mamás somos las más grandes influencers que han existido en la historia de la humanidad!-.

Esta es la parte donde nos podríamos pasar al extremo de la culpa. De hecho creo que es raro encontrar una mamá que no se sienta culpable de vez en cuando, por algo que hizo, dijo, dejó de hacer o de decir… Y es que además en la actualidad tenemos tantos recursos y flujo de información, que las mamás acabamos muchas veces más confundidas que si no existiera todo esto. Y no me mal entiendan, que yo soy una gran fan de esta Era Acuariana y de contar con tal acceso a la información.

Simplemente con echarle un ojito al Facebook, a las páginas dedicadas a crianza, o a alguno grupos de mamis, nos topamos con cientos de artículos que te dicen que por tomar X o Y decisión en tu crianza, en el futuro tus hijos serán así o asado o enfrentará no sé qué problemas.

Y entonces así, encontramos la Crianza con Apego, la Crianza Natural, la Crianza Respetuosa, la Crianza Positiva y, -la que a mí más me gusta- la Crianza Consciente.

Y repito, me parece extraordinario que haya tantas personas y corrientes tratando de ayudarnos a las mamás y papás a tomar mejores decisiones para el bienestar de los niños. A salir de esa inconsciencia, ese hacer por salir del paso o porque “así hicieron conmigo”.

No porque tengamos que hacer las cosas necesariamente diferentes, pero sí considerar que nuestras decisiones conlleven un poco de conciencia, sobre todo si nos estamos sintiendo abrumadas en nuestro “ser mamás”, o si sabemos que nuestra infancia fue marcada por una deficiente crianza y que aún llevamos con nosotras heridas, mismas que hoy, como mujeres adultas podemos y debemos empezar a sanar, a gestionar. Por nuestro bien y por el de nuestras familias.

Me parece que el arte está en no caer o quedarse en la culpitis* (la culpa como un posible síntoma del irse haciendo consciente). Esto es algo por lo que he pasado y que he visto en muchas mamis que han iniciado un camino hacia hacerse cargo de lo que les pasa, como mujeres, madres y parejas.

 

¿Entonces qué? ¿Cómo empezar a hacernos cargo pero sin vivir en la culpa?

 

La cuestión está en algo similar a buscar el equilibrio. Pero no un equilibrio allá, perfecto, inalcanzable y estático…

Hablo de la búsqueda del equilibrio como dirección, más que como meta, es decir, como una guía pero considerando siempre nuestra realidad: los recursos con los que contamos, nuestras necesidades peronales, la forma o las características de nuestra relación de pareja, nuestras heridas de infancia, si las tenemos, etc.

Así que creo que entre la inconsciencia de no hacernos cargo de lo que nos pasa, viviendo en piloto automàtico y el otro extremo, estar flagelándonos constantemente porque ya se comió un dulce, no va bien en la escuela, pega, o de tanto cansancio ya “le grité”. Ahí, en medio de todo esto, está la COMPASIÓN.

COMPASIÓN por eso seres que se merecen nuestro mejor esfuerzo (y no, no me refiero a juguetes, ropa o escuela cara), COMPASIÓN por nosotras mismas y las luchas que libramos cada día, así como COMPASIÓN por nuestros padres, pareja, etc.

Quizá suena difícil. Pero no imposible. Al menos no desde un punto de vista evolutivo: hacer lo mejor que podemos con los recursos que hay a nuestro alcance en este momento. Y si me siento agotada, rendida, harta, superada por las circunstancias, extender la mano y pedir ayuda.

Existen muchas maneras para podernos apoyar. Somos muchas despertando.

Creo que es momento de quejarse sólo lo mero mero necesario y después hacernos cargo de nosotras mismas, aunque sea con baby steps, a medida de nuestras posibilidades.

Este trabajo, es un trabajo en espiral y consta de varias capas, generalmente no es así que después de una sola sesiòn de terapia o coaching, quedamos sanadas. Pero vale la pena y es necesario hacerlo CON PASIÓN Y COMPASIÓN.

Nuestros hijos no nos necesitan mayormente distraídas ni permanentemente víctimas o sintiendo culpa. Tampoco necesitan mamás perfectas, sino mamás reales, lo más honestas, despiertas y atentas posible. Dispuestas a hacerse cargo de lo que les sucede.

Aprendamos entonces a reconocer, transitar y gestionar lo que nos pasa, lo que sentimos, incluídas las culpas. Es indispensable y este es el momento.

 

Martha Constanza García

29 agosto

 

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No porque mamá así lo espere

Eres una mujer hermosa y poderosa.

Tierna y combativa.

Irreverente y compasiva.

Auténtica, amorosa y que rompió el molde.

 

Sol radiante, brisa marina, montaña sagrada.

Encuentro de varios caminos.

 

No porque lo tengas que ser para alguien.

No porque mamá así lo espere.

Sino porque así son tus ritmos, tu pulso y tus latidos.

 

Si quieres, no me escuches.

Intenta escuchándote a ti.

 

Martha Constanza García

22 de agosto de 2017

 

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Consciencia y presencia. A mi hija.

Hoy regreso a este mi refugio llamado empoderamientoconempatia.blog pues ayer tras desempolvar la carta que en noviembre pasado escribí a la Niña que un dìa fuí -y que recién compartí en la entrada anterior-, me dio por seguir en la onda de las cartas.

Pensé que escribiría una segunda parte de esa carta dirigida a mí misma, pero rápidamente sobre el papel fueron vertiendose palabras dirigidas a mi hija de dos años. Aunque sospecho que en realidad el mensaje va también dirigido a mí y a todas las mujeres que resuenen con lo escrito. Comparto:

Amada niña mía. Hermoso Ser que la vida me ha confiado, instaurándome por un tiempo en la guardiana de su esencia y de su Luz:

Oírte reír y verte disfrutar, aprender y sorprenderte son los mayores regalos que en mi vida he recibido. Sentisaber que te sabes/sientes confiada, amada y segura, hace que mi corazón en júbilo descanse.

Pido y pongo toda mi intención en que logre yo transmitirte lo mejor posible algo de los códigos del funcionamiento en esta vida, PERO que al introducirte en e interpretarte el mundo, lo haga yo sin (co)romper el Gozo Divino que vivir alineada con tu propia Verdad intuyo otorga.

Deseo acompañarte con consciencia y presencia. Y en el proceso, amarme y cuidarme yo misma para que en mí veas que, aún en nuestra imperfección, es posible y vale la pena quererse una misma y desde ese amor, respetarse y conectar con los demás.

Que sepa yo mostrarme ante ti, sincera, real y compasiva, pues tú no necesitas ir de la mano de una mujer que se flagela en la culpa de las expectativas de la perfección, esa ilusión tan en boga pero tan esquiva.

Perfección, cariño, absolutamente a nadie se le pide. Ni a una madre. Y esto lo quiero decir fuerte y claro para que quien también lo necesite aquí lo escuche.

Lo que creo cierto es que, para criar a un niño en bienestar, autocuestionarse y desafiarse una misma es fundamental. Y claro que esto, en algún momento del camino puede generarnos culpa. La cual, nos invito a transitar y prontamente transformarla en motivación y acción consciente y dejar de cederle la habitación principal en nuestra mente.

Por eso hija, mejor vayamos cambiando perfección por compasión, y resultados por coraje y propósito constante y dirigido. Hagámoslo por nosotras y para contribuir así a transformar las experiencias de todo lo Femenino.

Y aún con todo esto, querida, existirán momentos –ojalá los menos- en que quizá nos sintamos un poco o un mucho alejadas, divididas. Soy consciente de que esto también forma parte del programa y del contrato.

Y aún ahí, y a pesar de las apariencias, las palabras o silencios, te amaré tanto o más que durante aquel hermoso tiempo en que tu vida latía en el interior de la mía. Tanto o más que ese primer día, en que teniéndote en mis brazos, te besé y te llamé ¡CAMILA!

 

Martha Constanza García

9 de junio de 2017

 

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Cariño, mamá también es importante

Escribo estas líneas recién regreso a casa de haber dejado a mi hija en el Jardín. Me encanta lo serena que ya se queda: me despide con un beso y me dice adiós con la mano cuando voy a verla por la ventana, mientras yo le sonrío y mando besos y más besos.

A estas alturas, sabe bien que volveré más tardecito, que ella está segura y que se la va a pasar muy bien mientras tanto. De todo lo que fue para mí haber dado el paso de llevarla al Jardín de Niños hace casi dos meses, hablaré quizá en otra ocasión.

Ahora quiero escribir sobre lo que me quedé reflexionando en mi caminata de vuelta a casa. Con un primaveral y delicioso día como hoy, con sol y casi 20 grados a las 8:45 am, disfrutaba mis pasos de vuelta pensasintiendo cómo me gusta este ritual matutino de llegar a la escuelita, entrar al salón y encontrar a los padres, maestras y nenes.

Días como hoy me siento tan a gusto caminando en mis zapatos. “Vlotte, leuke, lieve vrouw” me dije (que en holandés viene siendo algo así como “ligera, agradable, amorosa”). ¡Qué bien se siente estar en un flow así! Me descubro entonces proponiéndome hacer todo lo posible por propiciar y disfrutar de este estado de bienestar cada vez más.

El arte consistirá en que mi sentir y satisfacción no dependan de si los otros me perciben así o no. Que no sea que dicha mirada del otro sea el motivo por el que tengo permiso para sentirme a gusto conmigo misma.

Tampoco puede ser que mi sensación de bienestar dependa de estar yo acompañando a mi perfecta hija a quedarse en su perfecta escuelita, de una manera tan perfecta, y que entonces sólo así la perfecta yo pueda sentirse bien.

Se trata en cambio, de sentir y disfrutar este bienestar que me da vivir tan activamente agradecida por la compañía de esta personita que la vida quiso poner en mi camino para sostenerla y acompañarla en (el inicio de) su estar por esta Tierra. Disfrutando la relación y los momentos que juntas vamos construyendo. Sabiendo que cada paso lo estoy dando con todo el amor y consciencia de que, en mi humanidad, soy capaz.

El camino con y por ella ha puesto al descubierto y hecho nítido que yo, si desconectada de mí misma, no soy la mejor versión para ser su guía, pues así no podré transmitirle y mostrarle los dones que dicha conexión ofrece.

Por eso, hoy deseo más que nunca ser mi mejor versión, lo cual empieza por creer en mí misma, valorarme, tenerme paciencia ante las dificultades y saber perdonarme en mis “fallas”.

Procurarme yo misma eso que de los demás anhelo: ser vista, escuchada, reconocida y aprobada. Darme amorosamente mi lugar y dárselo a mis necesidades y deseos. Nutrirme y cuidarme. Y no sólo de dicho o allá en una vaga teoría, sino en mi conducta, mis decisiones y mis actos.

Y así sentirme “vlotte, leuke, lieve”, pero desde la raíz. Gustándome y disfrutándome. Porque como le digo a mi hija cuando la estoy atendiendo y necesito hacer una pausa, por ejemplo para ir al baño:

“¿Sabes cariño? Mamá también es importante.”

Bueno, en realidad también me lo estoy diciendo a mí misma.

Porque esto del autocuidado no es siempre fácil, me parece.

Pero el intento re vale la pena, ¿no crees?

Martha Constanza García

2 de junio de 2017

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