Publicado en Reflexiones del Corazón

Entre principios y armaduras

Hay principios que son del orden del bien-estar y del bien-ser, que nos elevan y contribuyen al bienestar nuestro, de nuestras relaciones y en general, del entorno. Como no ser tranza, no tirar basura en la calle, tratar a todas las personas con respeto, por ejemplo.

Pero muchas veces también nos aferramos a otro tipo de principios, los del ego les llamo yo, los cuales sostenemos “porque sí“, por dolor o por revancha.

Hablo de determinaciones que tomamos en algún momento en que nos sentimos dolidos, como no ser el primero en hablarle a un amigo después de un encontronazo de opiniones, o cosas así. Son, de hecho armaduras.

Éstas fueron en su momento decisiones que nos ayudaron, que necesitábamos tomar quizá para protegernos o ayudarnos a ponerle fin a un capítulo difícil de nuestra vida, pero que a la larga nos mantienen rígidos si no las “checamos” de vez en cuando, si no nos las cuestionamos para que, si optamos por ellas de nuevo, lo hagamos desde un lugar lúcido, con consciencia y no desde el piloto automático.

La cuestión con este tipo de principios es que a veces ya nos hemos identificado tanto con ellos (yo soy de las personas que…/yo siempre…/yo nunca…) que aunque las situaciones, las personas o nosotros mismos hayamos cambiado, no nos permitimos soltarlos pues nos dan una falsa sensación de seguridad.

Y así es que quizá nos cargamos la boca de verdad y nos creemos los muy muy al afirmarlos, aunque no nos estén haciendo bien y nos estemos perdiendo de valiosas oportunidades. Y eso es una lástima.

Es una pena quedarnos atrapados en nuestras propias conjeturas sobre quiénes somos o debemos ser. Quedarnos atrapados repitiéndonos una y otra vez diálogos internos caducos que nos están impidiendo fluir, disfrutar de nuevas maneras de relacionarnos o tomar nuevos y excitantes desafíos.

“A todos, alguna armadura nos tiene atrapados. Solo que la vuestra ya la habéis encontrado.” El caballero de la armadura oxidada. Robert Fisher.

Lo peor es que esto pasa casi siempre sin que nos demos cuenta. Esto nos pasa cuando estamos distraídos viendo para afuera, a los otros y lo que hacen, dicen, hicieron o dejaron de decir, encontrando a esos otros siempre en falta. Juzgándolos.

Hacemos esto en vez de volver la atención a nosotros mismos, a nuestro centro, a lo que en este momento en verdad deseamos o necesitamos experimentar, desarrollar, o aprender, y a las oportunidades que se nos están presentando.

Bueno, sólo pasaba por aquí para recordarnos quitarnos seguido la armadura y revisarla. Con chance y ya no la necesitamos…

Martha Constanza García

5 de mayo de 2018

 

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Ojos para lo sutil, voz para lo profundo. Amalgama de sentires y reflexión. Entusiasta de las redes. Vivo y dejo vivir.

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