Publicado en Reflexiones del Corazón

Soy del mundo y me pertenezco sólo a mí misma – Parte 2

Continúo con el escrito que publiqué la vez pasada. Ese que se generó a raíz de un ejercicio del Laboratorio de Coaching para Metas Creativas. Confieso que este texto lo escribí hace más de una semana pero no me había sentado a terminarlo para publicar.

Así que, con un poco de retraso, aquí va:

Algunos años pasaron y mi sentir de “ser y no de ser de aquí” seguía siendo el mismo, si no se intensificaba. Incluso llegó un momento en que mi yo (tanto esencia como personaje) me pedía irme. De plano mudarme de esa ciudad (desde mis 10 años viví en la blanca Mérida, la de Yucatán), tan hermosa pero, para mí en esa época también un poco cárcel.

Y hoy comprendo que una ciudad de (ya entonces) más 750 mil habitantes no puede ser una cárcel de no ser porque uno se “acomoda” en un nicho determinado. El cual, pareciendo situacionalmente (familiar y socioeconómicamente hablando) el adecuado o conveniente y, aún con las bellezas que también ofrece, no alimenta a nuestro Ser.

Pero en fin, fue así como aprendí que no soy persona para cumplir y seguir tradicionalismos. No soy una persona con un sentido nacionalista o local de superioridad. De orgullo sí, de superioridad o exclusividad, jamás.

La vida quiso (y lo permití o elegí) que me quedara yo en ese mundo, constantemente sentenciada por la voz paterna con ese repicar del “¿Pero y qué va a decir la sociedad católica yucateca?”… Y me voy a permitir decirlo así: ¡Qué cagada! Mis ansias de libertad y coherencia no podían seguir escuchando eso y viviendo así.

Hasta que llegó el momento en que el vaso se derramó. Ese aguantar, aunado a alguna otra situación (les debo esa otra historia para otra ocasión), me mantenía en incoherencia, reventando un día en algo que hoy supongo debe haber sido lo que se conoce como un “burn out”.

Dicho burn out abrió la puerta a mi primera estancia en el extranjero. Maravillosos 6 meses en Europa. Junto con tal libertad, esa envidiada por las amigas y por la cual me recomendaban “diviértete que nadie te conoce”, también llegó el descubrimiento de otras de mis facetas.

Así que ahí estaba, la “ciudadana del mundo” que, encontrándose fuera de su hábitat, resultó tener una mentalidad y expectativas tan de latina (no es queja, me encanta, pero me sorprendió), expresarse de una manera tan mexicana y ya que estamos, ser tan pía en sus prejuicios.

Me siento tentada a saltarme este párrafo, pero me convence más el hecho de permitirme poner de ejemplo la conversación que en aquellos tiempos tuve con el alemán (hiper guapo) D, quien no podía entender que, si yo le gustaba y él me gustaba a mí y estando ambos sin compromiso y cayéndonos bien, no quisiera yo “dar el paso”. Y él se preguntaba por qué parecía cuestión de horas o de cuántos encuentros para que yo quisiera ceder al impulso que él veía tan natural en chicos de nuestra edad…

Y es que sí, como dicen: “los viajes, ilustran”, pues recorriendo diferentes territorios, nutriéndote de las diferentes culturas y sus visiones, es como entras en contacto, de una insospechada manera y con una nueva luz, con tu propio territorio emocional y tus creencias. Cruzando fronteras vas conociendo tus propios límites, a la vez que a tu manera muy particular, vas expandiéndote.

Y bueno dando un bien largo fast forward, hoy 16 años después, escribo estas líneas con mi hija de dos años sentada en mis piernas, desde la sala de mi casa en un poblado holandés, pues resulta que en un viaje posterior, mi destino y el de R se cruzaron.

Así, hoy mi casa es ésta. Este hogar que he formado primero con mi esposo y después con esta pequeñita hermosa, quien en su educación y experiencias diarias vive justamente una síntesis única (como únicos somos cada uno de nosotros) de la integración de los valores y verdades de su padres, de sus culturas, hábitos y tradiciones MÁS su propio libre albedrío y su propia esencia, que la llevarán a tomar sus propias decisiones de vida. Elecciones que ojalá le permitan desarrollarse como una ciudadana del mundo, cómoda en su propia piel, valiente y confiada ante los retos que se le presenten.

Y todo esto está detrás de lo que hoy se llama Empoderamiento con Empatía, que poco a poco va tomando cuerpo y un nuevo rumbo. Que como el ciclo de la mariposa, ha sido huevo, larva y hoy es capullo mutando mariposa.

Gracias por leerme, incluso cuando todo lo narrado puede que sólo sea una de las posibles versiones de los hechos.

 

Martha Constanza García

2 de junio de 2017

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Imagen de Pixabay

Autor:

Ojos para lo sutil, voz para lo profundo. Amalgama de sentires y reflexión. Entusiasta de las redes. Vivo y dejo vivir.

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