Publicado en Escritura Creativa

Mi obscuro aliado

Ejercicio Decilo sin decirlo, del curso Escribir en Tribu:

Pozo humeante.

Caldero mágico.

Brevaje de dioses.

Obscuro aliado del estudiante, del escritor, del que por deber o por placer trasnocha.

Tu aroma inundaba la casa cada mañana. Al despertar, incluso antes de abrir los ojos, me contaba mi nariz que mi madre ya estaba en pie y esperando, o casi lista, a que los tres bajaramos para iniciar labores.

Durante los años estudiantiles me acompañabas también en el living para mantenerme despierta durante largas jornadas, a tardes horas, frente a libros y apuntes. Confieso que algunas veces fue tanto el consumo y tan poco el dormir, que mi pasar por el colegio al día siguiente semejaba al de una zombie nerviosa y frágil -pero casi siempre con buenas notas-.

También en esos años, infinidad de veces estuvimos a tu alrededor, reunidas las amigas compartiendo penas y alegrías y confesando secretos. De preferencia en algún lugar de moda, de ser posible donde dieran “refill” -sacrificando un poco el sabor, pero atendiendo las posibilidades de nuestros magros bolsillos de estudiantes-.

Y casi olvido esa corta pero tan buena temporda al servicio del micrófono. Con un horario, tan yo, tan mío, de 10 pm a 2 am. ¡Literalmente sintonizando con mi hora de poder! Sólo tú me permitiste cumplir con la locura de la jornada siguiente: empleada matutino, universitaria por la tarde y locutora por la noche. ¡Qué tiempos aquellos! Los  recordaré siempre con vívida ilusión.

Después me mudé a tierras lejanas donde acostumbran más bien otra bebida -más saludable y menos adictiva, según dicen- a la que poco a poco me fui asimilando. Sólo muy de vez en cuando busqué tu compañía, en una versión tuya más bien cremosa y espumosa.

Y fue hasta que me ví puérpera que necesité volver a ti corriendo, implorándote compartieras conmigo de nuevo tus dones simplemente para poder yo cada día sobrevivir, funcionar en una de las etapas más hermosas y extenuantes de mi vida.

Así que tú como nadie conoces mis facetas, mis momentos, mis aristas. Fiel testigo de mis anhelos, mis cansancios, mis secretos. Simpre estando ahí, disponible, cálido –o helado-, pero siempre poderoso compañero de aventuras, de batallas, de ensueños.

Mañanas en familia y en piyamas.

Desvelos forzosos y recurrentes.

Confesiones, lágrimas y risas.

Método de sobrevivencia.

¡Eres grande, moreno!

Martha Constanza García

15 de marzo de 2017

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Imagen: Pixabay

Autor:

Ojos para lo sutil, voz para lo profundo. Amalgama de sentires y reflexión. Entusiasta de las redes. Vivo y dejo vivir.

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