Publicado en Escritura Terapéutica

Nada pudo convencerte…

Y nada pudo convencerte:

Ni mi canto de sirena.

Ni mis deliciosas maneras.

Ni siquiera mi manzana, dulce y madura.

Y entonces afiné la voz.

Y refiné las maneras.

Y te ofrecí una manzana más roja y pulida.

¡Pero no, mis encantos no bastaban!

Y el canto sonó a reclamo.

Y de amable pasé a amarga.

¡Qué manzana ni qué nada!

Ya ni la hora quería darte.

Hasta que un día entendí.

Y dejé de cantar para ti.

Y dejé de esperar agradarte.

Y me tuve.

Y agradecida, me fui.

Así que hoy ya no canto a marineros.

Ya no busco congraciarme.

Sino sólo conmigo misma alinearme.

¡Gracias relación maestra!

Martha Constanza García

11 de enero de 2017

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Autor:

Ojos para lo sutil, voz para lo profundo. Amalgama de sentires y reflexión. Entusiasta de las redes. Vivo y dejo vivir.

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